lunes, 14 de septiembre de 2026

Un riñón vale lo suyo

Milio Mariño

Aunque las tardes vuelven a ser más estrechas y ya se siente el rumor del otoño, todavía falta una semana para qué acabe el verano. Aún puede llegar alguna de esas noticias que llegan en este tiempo y no el resto del año.

 Hace una semana llegó que, en el Hospital General de Massachusetts, en Boston, a Tim Andrews, un paciente de 66 años, le trasplantaron el riñón de un cerdo y estuvo nueve meses sin someterse a las sesiones de diálisis que había necesitado hasta entonces. El cuerpo de Andrews no identifico el riñón del cerdo como algo extraño, lo asumió como si fuera el suyo.

Noticias como esta solo son posibles en verano. Hubiera encajado mejor en agosto pero, a principios de septiembre, todavía andamos despistados y somos menos escépticos. Bien mirado, el cerdo también fue creado por Dios y se supone que para algo más que para darnos jamón. Lo apuntaba la sabiduría popular y lo corrobora la ciencia: de la cabeza al rabo del cerdo se aprovecha todo.

Lo que ocurrió en Boston no es nuevo. Hace ya un siglo que vienen sucediéndose los intentos de sustituir órganos dañados de seres humanos por los de otros animales. Corazones y riñones de cerdos, ovejas o, incluso, chimpancés, fueron trasplantados en humanos con tiempos de supervivencia de apenas unas horas o escasos meses. En 1964, Edyth Parker murió ocho meses después de que le trasplantaran el riñón de un chimpancé. A este tal Andrews se lo pusieron de un cerdo y estuvo con él nueve meses. Ha batido el record. Lo que no está claro es por qué, si el riñón funcionaba bien, se lo cambiaron por un riñón humano cuando apareció un donante.

Ellos sabrán las razones. Podrán decir lo que quieran, pero no pueden utilizar la disculpa de que no es normativo ni ético que un cuerpo humano albergue el riñón de un cerdo. El Vaticano, en un documento reciente, dejó claro que la iglesia católica no contempla ninguna prohibición con respecto al uso de cualquier animal como fuente de órganos para su trasplante en seres humanos. La única condición que pone es que se respete a los animales.

Lógico. Respetar a los animales siempre es un deber, incluso cuando se les sacrifica para realizar experimentos o extraerles un órgano. Según la Iglesia Católica que el órgano de un animal se adapte perfectamente al cuerpo de una persona demuestra la benevolencia y la sabiduría de Dios. Aclaran, por si había alguna duda, que sin la aprobación de Dios nada es posible. Ni montar en bicicleta.

El Dios cristiano no se opone a que nos trasplanten cualquier órgano de un cerdo. Y el Dios del islam, que prohíbe el cerdo en sus dietas, parece ser que tampoco.  Los 14 miembros del Ahlul Bayt han dicho que la vida humana está por encima del mandato dietético.

Solo falta saber cómo lo aceptamos nosotros. Por lo visto, bastante bien. A David Bennet, en 2022, antes de que le trasplantaran un corazón de cerdo modificado genéticamente, el cirujano, como es lógico, le preguntó si aceptaba un corazón porcino.  Por supuesto que lo acepto, dijo Bennet, pero con una condición: solo si me asegura que luego no haré “oinc, oinc”.


Artículo de Opinión / Diario La Nueva España

lunes, 7 de septiembre de 2026

La Armada risible

Milio Mariño

Lo que ocurre en Ceuta no es, ni mucho menos, para tomarlo a risa, pero hay actos de solidaridad y apoyo con los que es inevitable reírse porque de lo contrario nos estallaría la cabeza. Tomar en serio la visita de Aznar o el despliegue de la autodenominada Armada de la Solidaridad, al mando de Marcos de Quinto y Amalio de Marichalar, conde de Ripalda, supondría carecer de sentido del ridículo y apuntarse a un circo que es muy antiguo y está muy visto.

 Que los citados personajes gocen de cobertura mediática y tengan cierto predicamento entre los trasnochados que abogan por la vuelta del franquismo no impide que sean grotescos y abochornen a cualquiera. Aznar, por ejemplo, sigue cuidando su pelo y lo mantiene brillante y sedoso, pero descuida lo que hay debajo y actúa como un salvapatrias siempre que la ocasión la pintan calva. Su presencia en Ceuta solo sirvió para alimentar las bravuconadas peligrosas de quienes echan más leña al fuego sin aportar soluciones.

Otro salvapatrias es Marcos de Quinto, ungido almirante supremo de los yates, grandes y pequeños, que partieron de Puerto Sherry, Sotogrande y Marbella, colmados de banderas rojigualdas y haciendo sonar sus sirenas mientras los tripulantes coreaban: "No estáis solos". Por si los gritos no se oían en bien Ceuta, los barcos conectaron sus tocadiscos a los altavoces y pusieron canciones de Manolo Escobar y el Dúo Dinámico como “Resistiré” “Y viva España”.

Allá a la noche, exhaustos por el esfuerzo, los capitanes de los yates fueron agasajados con una cena de bienvenida, cortesía de la ciudad, dijeron, y una recepción con autoridades, prensa y personalidades locales. El gobierno ceutí estuvo representado por tres consejeros que, a los postres, manifestaron que la cena no había salido de las arcas públicas, que la había pagado el PP.

Para completar el programa de actos, antes de la cena de gala, Hamido Abselam, presidente del Motoclub Ceuta, había organizado una concentración motera, en la explanada del Chorrillo, en la que doscientos moteros reclamaron seguridad, protección y medidas concretas.

Estos actos, y otros muy parecidos, fueron secundados y muy aplaudidos por quienes aspiran a gobernar y proponen resolver el problema de Ceuta, y de la inmigración en general, movilizando al ejército, enfrentándonos con Marruecos y haciendo uso de la fuerza. En su opinión, el trato humanitario a los inmigrantes  demuestra la debilidad del Gobierno. La solución, al parecer, pasa por montar un ICE, modelo Trump, que dispare a bocajarro cuando se produzcan avalanchas como las del 31 de julio.

Que la oposición haya montado un circo no disculpa la gestión del Gobierno, que ha sido mala y especialmente confusa. Es necesario saber qué ocurrió y que papel jugó cada uno para, después, exigir responsabilidades, si las hubiera.

El problema de la inmigración está ahí desde hace tiempo y seguirá estando, gobierne quien gobierne, de modo que hay que abordarlo con información veraz, humanidad y eficacia en la frontera. Sobran los oportunistas y los que proponen soluciones inaceptables o convocan actos que son de risa.

Que nos riamos de esos esperpentos no significa que no tomemos en serio lo que ocurre en Ceuta. Al contrario, induce al pánico pensar que quienes los promueven son los que, quizá, nos gobiernen mañana.

 

Milio Mariño / Artículo de Opinión

lunes, 31 de agosto de 2026

Animales sueltos

Milio Mariño

Se acaba el verano y la Guardia Civil y la Policía están que no dan abasto atendiendo llamadas de gente que entra en pánico porque cree ver animales salvajes en los sitios más insospechados. Hace un par de semanas una patrulla del Seprona, después de una concienzuda investigación, descubrió que el león que un repartidor aseguraba haber visto en las inmediaciones de Toledo era un perro lanudo al que habían esquilado la parte de atrás del lomo por consejo del veterinario, debido a un problema dermatológico.

La explicación de algunos psicólogos, sobre el aumento de estas alarmas, es que la gente ve documentales de fauna salvaje en la tele y luego no acierta con el tamaño real de los animales. Así fue que varias personas creyeron ver un cocodrilo en la ribera del Duero, cerca de Tordesillas, y resultó que era una nutria. Vieron que algo se movía en el río y el movimiento que hacen las nutrias, generando ondas con su cola, les pareció la estela de un cocodrilo.  

Casos como este y otros similares hay a cientos. En un pueblo de Granada, aseguraron que habían visto una pantera paseándose por las afueras y después del despliegue de una patrulla de la Guardia Civil se llegó a la conclusión de que la pantera era un gato negro que deambulaba por el pueblo.

La mayoría de estos avisos, de gente que denuncia la presencia de animales salvajes, ocurre en verano. Coincide cuando los urbanitas pasan sus vacaciones en una naturaleza que desconocen. Creen que el campo tiene aceras, pasos de peatones y bancos donde sentarse a contemplar los atardeceres.

En lo que va de verano, en Asturias se han producido 124 rescates en zonas montañosas debidos, sobre todo, a imprudencias y conductas temerarias. Cierto que también han rescatado una vaca, pero no por una negligencia, por un accidente.

El problema es que el 112, la policía y la Guardia Civil no pueden ignorar los avisos aunque lo denunciado les parezca una broma. Cuando se produce un aviso, están obligados a intervenir y movilizar los recursos que tengan: drones, helicópteros, perros, bomberos, agentes de seguridad… Todo un despliegue, por más que sospechen que se trata de una imprudencia o la alucinación de un chiflado. Tal parece como que hubiera mil zoos en España desde los que todos los días se escapa alguna fiera o que los animales también se hayan apuntado a la avalancha migratoria y huyan de África porque, aunque no vean la tele, que no la ven, se enteran de que aquí se vive muy bien por los que van allí de safari. 

Animales sueltos hay muchos, pero los más peligrosos son los urbanitas que nunca han visto una vaca a dos metros y creen ver fieras, al acecho, por todos los rincones. Presumen de su amor por el campo, pero se quejan del madrugador canto del gallo, el ruido de los cencerros y el olor a estiércol.  

La receta la desconozco, pero necesitamos poner remedio a esta infantilización de la sociedad que lo invade todo. La Guardia Civil ha llegado a recibir llamadas que acusaban de mal trato al dueño de un perro que lo tenía atado y los mismos han vuelto a llamar denunciando su abandono cuando lo vieron suelto.


Milio Mariño / Artículo de Opinión

lunes, 24 de agosto de 2026

Placeres caros y baratos

Milio Mariño

Siempre que me alojé en un hotel de lujo, que fue pocas veces, tuve la sensación de que quienes se alojaban allí sentían compasión por mí. Notaba que me miraban sabiendo que no pertenecía a la fauna de aquel lugar y se mostraban condescendientes porque debían de creer que sacrificaba mis ahorros por el placer de estar con ellos. No imaginaban que mi presencia era como invitado en algún simposio y aprovechaba para joderles el decorado. Resultaba divertido que me consideraran un impostor. La soberbia les llevaba al convencimiento de que estaba feliz por disfrutar de su compañía.

En uno de esos hoteles, que está en Barcelona, tenía nombre de princesa y sigue conservando las estrellas, aunque ya no se llama como se llamaba, viví una anécdota que había olvidado y volví a recordar hace unos días, ahora explico por qué. 

Dormir la siesta es un placer barato. No cuesta nada. No hace falta ni poner voluntad. Sobre todo si es verano y acabas de comer bien. Así es pero, en esta vida desaforada que nos obligan a vivir, las élites consideran que la siesta es un vicio de gente que, debido a sus pocos recursos y escasa imaginación, se divierte durmiendo a deshora.

Y en esas estaba yo. Disfrutando de una tarde de agosto, tumbado en el sofá y durmiendo como un lirón. Estaba en la gloria bendita, pero como debe ser cierto que no hay placer sin dolor, me despertó el zumbido de un mosquito que parecía el estruendo de un helicóptero. No exagero. Una mosca cojonera incordia lo suyo, pero un mosquito con ganas de cachondeo puede arruinarte la siesta y convertirla en un suplicio.

Desperté intentando ahuyentar el ruido a manotazos. Un intento inútil porque el mosquito seguía zumbando y hacía gala de sus acrobacias, al tiempo que se regodeaba de mi torpeza para el asesinato. Al final, me puse tan histérico que repartía aspavientos como un energúmeno haciendo kung fu, así que me levanté del sofá, preparé un café y me puse a escribir.

Aunque estaba cabreado, como aún me duraba el perfume de la siesta, pensé que podía aprovecharlo para escribir sobre los placeres baratos, pero ponerte a escribir es dar salida a lo que no sabes que llevas dentro. Y lo que llevaba, en aquel momento, era el hotel de lujo y la siesta de un día de junio.

Aquel día, había acabado de comer y estaba tomando un café y fumando un cigarro en la terraza del interior del hotel. Estaba solo cuando un señor, a mi lado, empezó a charlar disimulando que su intención era averiguar qué hacía yo en un sitio que no era el mío. En principio, resultaba divertido esquivar sus preguntas, pero cuando empezó a ponerse pesado dije que, sintiéndolo mucho, tenía que dejarlo porque pensaba subir a la habitación a echarme una siesta.

¿Una siesta?, dijo incrédulo. Menudo desperdicio. Qué pena que no aproveche su estancia en un hotel como este. Es lo que hago, respondí. No sé a usted, pero a mí me gustan los placeres caros. Y este no pienso perdérmelo. 

Borges escribió una reflexión que suscribo encantado: La siesta es tan valiosa que si te despiertan bruscamente sientes que te han robado una fortuna.

 

Milio Mariño / Artículo de Opinión / Diario La Nueva España


lunes, 17 de agosto de 2026

Ceuta, la mar de por medio

Milio Mariño

Cualquiera que, como un servidor, tenga dificultades para definir qué es una nación y busque informarse, puede acabar más confuso de lo que estaba. Hay definiciones para todos los gustos. Desde las que se basan en la raza, la geografía, el idioma o la historia hasta la que dice que una nación es un grupo de personas unidas por el odio a sus vecinos.

Esta última no la suscribo. Prefiero, por ejemplo, una nación es, en esencia, una frontera. Supongo que, en base a eso, debió establecerse que España limita al norte con el Mar Cantábrico. Así nos lo enseñaron de niños, pero la sabiduría popular corrige lo que no es correcto. En algunos documentos, que figuran en el Registro de la Propiedad, se dice de ciertas fincas, situadas en la costa asturiana, que limitan con Inglaterra la mar de por medio.

 Ese es el límite. El mar separa tierras, pero une personas y culturas. En nuestro caso, la mar de por medio con Inglaterra es fría y abarca muchas millas. Un mar menos ancho y más cálido tal vez que nos hubiera animado a cruzar a nado para alcanzar la orilla de la democracia y el progreso, en tiempos de la guerra civil, la posguerra y la dictadura franquista.

Es previsible que hubiéramos hecho lo que hacen los balseros cubanos para llegar a Miami. Y nos aplaudirían los mismos que aplauden el éxodo cubano. A nadie se le ocurre culpar a Estados Unidos de que los cubanos quieran escapar del infierno. Por esa misma razón, tampoco España tiene la culpa de la avalancha de Ceuta. Que Trump y Netanyahu cambiaran de parecer y piensen de otro modo es para tomar nota, pero que los dirigentes del PP y VOX piensen como ellos es una falta de patriotismo que clama al cielo.

Un país que resulta agredido requiere unidad interna. La irrupción de 60.000 personas en Ceuta, procedentes de Marruecos, no fue un movimiento popular espontáneo, fue una operación organizada con el propósito de poner a España contra las cuerdas. La crisis duró apenas un día, pero sirvió para demostrar que cada vez que algo va mal hay quienes se alegran y hacen lo posible porque vaya peor. Al parecer todavía sigue vigente aquello de: “Si cae España que caiga que ya la levantaremos nosotros”. Presumen de patriotas quienes se alegran de la desgracia y se ponen de parte del enemigo.

Esta táctica siniestra, que consiste en aprovechar cualquier mal para intentar derribar al gobierno, explica que no les importe el centenar largo de jóvenes,  mujeres y niños que murieron tratando de alcanzar la orilla, ni el destino de los menores atrapados en Ceuta. La palabra compasión la han desterrado de su vocabulario. En su lugar, proponen a los ceutíes que salgan a cazar emigrantes.

La mar de por medio con Marruecos no puede ser que nos convierta en una nación unida por el odio a nuestros vecinos. Fomentar el odio, atenta contra la dignidad humana, la seguridad colectiva y la convivencia pacífica. Es mentira que así se proteja mejor nuestra frontera. Lo que algunos proponen que hagamos es lo que está haciendo Marruecos: arrojar a sus propios ciudadanos al abismo con tal de sacar rédito del conflicto.

Artículo de Opinión / Diario La Nueva España


lunes, 10 de agosto de 2026

El peso de los eclipses

Milio Mariño

Un buen número de españoles, en su mayoría gente que lleva tres años pidiendo elecciones, espera con ilusión que el eclipse de sol previsto para el miércoles 12 de agosto acabe con el Gobierno.

No es un deseo desesperado ni un optimismo sin fundamento. La escasa puntería de Feijoo, que no acierta ni una, incluso después de que le operaran los ojos en Oviedo, ha hecho que sus seguidores confíen en la astrología como último recurso. Tienen fe en que el eclipse surta efecto y los malos augurios supongan el desalojo definitivo del inquilino de la Moncloa.

Los eclipses han inspirado historias y creencias de muy distinto signo. Desde los filósofos griegos hasta nuestros días, todas las culturas se han servido de esa filigrana del cielo para alimentar predicciones que hablan del fin del mundo, la propagación de epidemias, los desastres naturales y el derrocamiento de gobernantes y monarcas.

La tendencia mayoritaria asocia los eclipses con las catástrofes, pero no todo es negativo. También hay quienes atribuyen al fenómeno astronómico efectos positivos y señalan que algunos reyes y líderes políticos fueron alumbrados en un año en que se produjo un eclipse. El rey Carlos de Inglaterra, el príncipe William y su esposa Kate Middleton, Donald Trump, Karl Marx y el Papa Juan XXIII, nacieron, precisamente,  un año en que se produjo el citado fenómeno.

El rigor y, sobre todo, la seriedad que preside estos artículos obligaban a investigar al respecto y el resultado es un dato que para muchos será una sorpresa. Pedro Sánchez nació un día poco corriente, el 29 de febrero del año 1972. Año en el que hubo un eclipse de sol, que se produjo el 10 de julio.

Las especulaciones sobre los efectos de los eclipses también alcanzan a los nacidos en año bisiesto. Hay quien opina que son portadores de la eterna juventud y en la antigüedad se creía que tenían poderes mágicos y un optimismo fuera de lo común.

Pedro Sánchez participa de estos fenómenos por partida doble: nació un año bisiesto en el que, además, hubo un eclipse. Se aporta el dato por estricto rigor biográfico, no hay intención, ni mucho menos, de desmoralizar a quienes tienen puestas sus esperanzas en el eclipse del miércoles. En cualquier caso, puede interpretarse de mil maneras. Los caldeos y los egipcios, los indios americanos y hasta los cristianos y el propio Islam, utilizaron los eclipses para lo bueno y para lo malo. Servía para las dos cosas. El objetivo era el mismo: aprovechar el fenómeno para predisponer a la gente a favor o en contra.

Los eclipses siempre fueron algo desconcertante cuyo efecto sobre nosotros sigue siendo un misterio. Hay quien cree que influyen y hay quien lo niega de forma rotunda. Puede servir como ejemplo una idea que se difundió hace tiempo: que durante un eclipse todos perdemos peso. Parece poco creíble, pero es verdad. La Luna y el Sol se alinean con la Tierra de tal forma que la fuerza de la gravedad terrestre disminuye. El efecto es pequeño, mientras dura el eclipse una persona de 80 kilos pesa 50 gramos menos, pero suficiente para afirmar que influye sobre nosotros. En lo físico no cabe duda. Y en lo psicológico allá cada uno.


Milio Mariño / Artículo de Opinión / Diario La Nueva España


lunes, 3 de agosto de 2026

Pedir al viento que trabaje de bombero

Milio Mariño

Aunque el humo de los rescoldos todavía no se ha ido del todo, las esquelas de los bosques que fallecieron en los incendios ya no están en los periódicos. Se acabó el duelo. Solo nos queda el asombro. Esa emoción que todos hemos sentido más de una vez y, sin embargo, siempre nos coge desprevenidos. Sin poder explicar con palabras lo que ven nuestros ojos.

Nadie decide asombrarse. El asombro es automático. Surge cuando vemos las imágenes del fuego y el inventario de los bosques calcinados. Nos parece todavía más asombroso que un bombero luche contra las llamas que alcanzan quince metros de altura con una manguera en las manos. Menuda proeza. Tiene más mérito eso que un astronauta paseándose por la luna.

Insisto en el asombro porque no encuentro otra palabra que exprese mejor la sensación de vulnerabilidad absoluta y el bloqueo emocional que sentimos frente a la destrucción del fuego. También asombra, pero menos, que las autoridades no tengan reparo en humillarse y pidan al viento que nos ayude porque se consideran incapaces de apagar los incendios. Parece una fantasía propia de la Edad Media. Pura magia sin un atisbo de racionalidad.

No nos han explicado, de forma cabal, qué ha ocurrido, por qué ha ocurrido y qué está ocurriendo para que ante los incendios forestales sintamos una indefensión y una impotencia absoluta. Seguimos sin saber cuál es la causa y quienes pretenden informarnos evidencian que no saben nada ni tienen el control. Ahí está lo que dijo Feijoo: ”El fuego se va moviendo de una forma no prevista, debido a la propia temperatura de la combustión, y cuando parece que va hacia un lugar y podemos atacarlo, automáticamente hace un zigzag y se va al lado contrario”.

Así se explica quien no fue Presidente porque no quiso, pero quiere serlo cuanto primero mejor. Con estas explicaciones, y otras por el estilo, tratan de justificar que ni diez batallones de bomberos ni la Unión Militar de Emergencias, con toda su fuerza operativa y su despliegue logístico, pueden vencer al fuego. Intentan convencernos de que el fuego seguirá siendo invencible aunque se contrate a los bomberos en invierno y se les encargue el mantenimiento de los espacios forestales. Tampoco, según algunos, se arreglaría nada reconociendo que las altas temperaturas hacen imposible que alguien siga negando los efectos del cambio climático. Los hay que siguen negándolo aún a riesgo de pasar por retrasados mentales.

La única conclusión positiva de estos sucesos recientes es que se confirma que somos un Estado laico. Ahora, en vez de pedirle a Dios que nos libre de los incendios se lo pedimos al viento. Al viento se lo pedimos todo, que haga de bombero cuando no podemos apagar el fuego y que nos ayude a sobrellevar un verano en el que las altas temperaturas están asfixiándonos. Le pedimos esos favores con la esperanza de que, al final, acabará concediéndolos. Dejamos la ventana abierta aun sabiendo que el viento es una fuerza ciega que no sabe distinguir entre la caricia y la bofetada, entre lo que debe mover y lo que debería dejar en su sitio. Así que es ridículo pedirle nada. Y menos que trabaje de bombero.

 

Milio Mariño / Artículo de Opinión / Diario La Nueva España

lunes, 27 de julio de 2026

Espermatozoides patrióticos

Milio Mariño

Pete Hegseth, secretario de defensa de Estados Unidos, anunció que planea someter a los soldados estadounidenses a un análisis de los niveles de testosterona debido a que han detectado un descenso generalizado de la hombría. Cualidad que considera imprescindible para que las fuerzas armadas operen con eficacia y al máximo de sus capacidades.

El problema no se circunscribe a Estados Unidos y su ejército, afecta a todos los países. En España, por ejemplo, la fuerza del feminismo y la influencia del lobby gay inventaron el término masculinidad frágil para disimular lo que todo el mundo sabe. Que, salvo raras excepciones, es del tipo nenaza.

Por más que enarbolemos el lema "Cuando una mujer avanza, ningún hombre retrocede", la realidad demuestra que peligra la supervivencia del hombre de verdad. El hombre que se viste por los pies y lo hace con dignidad, sin miedo a ser objeto de burla por quienes ridiculizan los valores de lo masculino.

Corren malos tiempos para los hombres. La esperanza, y el consuelo, es que los malos tiempos crean hombres fuertes. Así lo demuestra un estudio, del Grupo Internacional UR, cuyas conclusiones son que los hombres asturianos tienen un esperma que duplica en calidad al de los varones de Madrid y supera ampliamente al de los habitantes del resto de España.

Según el citado estudio los hombres asturianos tienen de media alrededor de 95 millones de espermatozoides móviles por eyaculación, mientras que en Madrid esa cifra apenas alcanza los 50 millones. Calderilla en comparación con lo nuestro.

La revelación es oportuna porque los asturianos habíamos quedado relegados a una irrelevancia que rayaba en la marginalidad. Apenas pintábamos nada en el panorama español. Nadie hablaba de nosotros, pero el estudio nos devuelve el protagonismo que, históricamente, siempre tuvimos. En su día iniciamos la reconquista prácticamente con nada, palos y piedras, y ahora  estamos en disposición de reconquistar la esencia de lo español gracias a nuestro esperma de primera calidad. En el siglo VIII, el protagonista fue Don Pelayo y en el XXI, lo es ese asturiano anónimo que, aunque protagonice polvos egoístas, es generoso regalando espermatozoides.

No hay mejor prueba de nuestra evolución que haber transformado aquella fama que nos atribuía un carácter rudo y belicoso en un aluvión de espermatozoides que contribuyen a perpetuar la pureza de nuestra raza. Hemos sido cuna de la nación y volvemos a ser cruciales cuando en Estados Unidos están preocupados por los bajos niveles de testosterona y en la capital de España andan a vueltas con el concebido no nacido, el embrión de pocas semanas que Ayuso, y Feijoo cuando gobierne, elevan a la condición de persona desde que la mujer lo lleva en el vientre.

La medida que puso en marcha la Comunidad de Madrid induce a la sospecha de que los dirigentes conservadores estaban al tanto del plan de los americanos y el potencial del esperma asturiano. De ahí que traten de paliar la escasa calidad de los espermatozoides madrileños con esa ley del nasciturus que invade la plena potestad de la mujer sobre su cuerpo. Cuando lleguen al Gobierno, si es que llegan, esperemos que no intenten hacer lo mismo con el concepturus y se les ocurra tocarnos los huevos. Los asturianos no lo aceptaríamos. Y las asturianas tampoco.

 

Milio Mariño / Artículo de Opinión / Diario La Nueva España


lunes, 20 de julio de 2026

Ortografía sin falta

Milio Mariño

El verano no siempre regala felicidad. También esconde días aciagos como bien saben los miles de aspirantes a una plaza de maestro, en la enseñanza pública, que acaban de suspender las oposiciones. Aquí, en Asturias, los suspensos alcanzaron el 61% y quienes integraban los tribunales afirman que se encontraron con auténticas barbaridades. Dicen que a pesar de ser indulgentes con los errores de puntuación y sintaxis, las faltas de ortografía fueron numerosas y tan inaceptables como que hubo maestros que escribieron: “abances”, “surga” o “llendo”.

Algunos suspensos argumentaron, en su descargo, que las pruebas deberían ser más objetivas. Sugieren que deberían sustituir el desarrollo escrito tradicional por test o cuestionarios.

Los maestros no quieren escribir. Y la verdad es que no podemos exigirles que escriban bien. Escribir bien supone un don que está al alcance de muy pocos. Lo que sí podemos y debemos exigir es que escriban de forma correcta, que sepan expresarse por escrito y lo hagan con concordancia y sin faltas de ortografía. Es una exigencia básica para un maestro, un periodista, un abogado… Cualquiera que posea un título universitario y, si me apuran, para los que solo han cursado la ESO. Escribir de forma correcta es imprescindible para comunicarnos.

Pero, cada vez escribimos peor. En todos los sentidos. No solo en lo referente a la sintaxis y la ortografía, también a mano, con un teclado, en Facebook, Twitter y, por supuesto, WhatsApp.

Escribimos fatal. Recuerdo que me decían que tenía letra de médico. Escribía, y escribo, con mala caligrafía. Letras deformadas y feas aunque no hasta el punto de ser ilegibles. No llego al nivel de los médicos, de quienes creía que escribían en una especie de idioma particular que solo entendían los farmacéuticos. La sorpresa fue cuando me enteré de que no hay tal idioma. Los médicos escriben las recetas con esa letra horrible, simplemente, por chulería y los farmacéuticos se las ven y se las desean para entenderlas. Tal es así que cuando se interesan por nuestras dolencias es para que les demos alguna pista que les ayude a descifrar el jeroglífico de la receta.

En las farmacias sufren tanto o más que nosotros. Se enfrentan con unas recetas que son ilegibles y, a veces, despachan fármacos equivocados. Un estudio, publicado en la revista TIME, señala que la complicación a la hora de descifrar las recetas médicas está causando, en Estados Unidos, 7.000 muertes al año.

Los médicos se disculpan diciendo que lo hacen para no perturbar la sensibilidad de los pacientes. Esto es, que escriben mal a propósito para no producir alarma en los hipocondriacos que leen las recetas y los informes.

 Resulta curioso, pero restarle importancia a escribir mal es lo que hacen algunos maestros que han suspendido las oposiciones. Parece que hay como un cambio de rol en el profesorado. Veníamos de un rol más académico y exigente y vamos hacia un rol más social. Los maestros no quieren dejar en evidencia a sus alumnos y los imitan en la ignorancia por miedo a causarles un trauma.

Menuda la que nos espera. De lo mal que escriben los médicos estamos salvándonos gracias a la receta electrónica, pero de la mala ortografía de los maestros creo que no nos salva ni la caridad.

 

Milio Mariño / Artículo de Opinión / Diario La Nueva España


lunes, 13 de julio de 2026

Ser humano

Milio Mariño

Entre bostezo y bostezo, con la taza de café en la mano y la veraniega preocupación de si acabaría escampando, salí a la terraza, me senté cómodamente y abrí el ordenador. Así es como suelo empezar el día ahora en verano, disfrutando del aire libre y echando una ojeada a la prensa mientras acabo el desayuno y fumo un cigarro. Nada del otro mundo pero, hace unos días, intenté hacer lo mismo y en el ordenador apareció un letrero que me dejó patidifuso: Por favor, espere mientras comprobamos si usted es humano.

No lo mandé al carajo. Esperé como un imbécil a que el aparato investigara mi vida y decidiera si quien había pulsado la tecla era yo, o un chimpancé al que le había tocado la primitiva y había comprado un ordenador como quien compra un taladro para perforar los entresijos del mundo. Encima, no crean que fue cuestión de segundos, el ordenador se tomó su tiempo antes de dar el visto bueno y aceptarme como ser humano.

Aparte del enfado, lo lógico hubiera sido que preguntara por el motivo de aquella sospecha, pero quedé tan sorprendido como cuando vas conduciendo y, sin motivo aparente, te para la Guardia Civil y, el más feo de los dos, dice de mal humor: A ver, documentación.

Acabé resignándome y sonriéndo en defensa propia. Tomé el café, fumé el cigarro y, aunque pensaba darme una ducha y olvidarlo todo, me intrigaba que el ordenador dudara de mi condición y, también, el criterio que había seguido para aceptarme y permitir que entrara en su mundo. Claro que, al mismo tiempo, también era consciente de que, a veces, yo tampoco me reconozco y me cuesta aceptarme tal como soy. Así que la precaución podía tener su lógica.

Más que el fastidio por el trámite lo que, en el fondo, me molestaba era que me había arrugado. Había obedecido y esperado con cierta intriga que me diera su veredicto. No había mostrado ni el menor atisbo de rebelión. Había dejado que el ordenador pisoteara mí dignidad.

La cosa se complicó cuando, seguramente para exculparme, se me ocurrió pensar si aquel infame aparato haría lo mismo con cualquiera o solo se atrevería con la gente como yo. Sin darme cuenta me había metido en un jardín peligroso. No recomendable para alguien que aborda una preciosa mañana, a dos pasos de la playa y de un mar azul y plata cuyas olas se mueven como un acordeón entre los brazos. El buen humor mañanero se había torcido en cabreo. Tenía la certeza de que el aparato no adoptaría aquella precaución qué se yo, vamos a poner, con Benjamín Netanyahu. Si lo hiciera, tendría que denegarle el acceso. Es evidente que sus acciones no son las propias de un ser humano.

Después de darle dos vueltas, caí en la cuenta de que al ordenador no le importan los valores. No entiende de honestidad, compasión, amor, empatía o respeto. Lo que nosotros consideramos humanidad a él se la refanfinfla. Así que había sido una tontería pensar que esa era la duda que motivó que comprobara si soy humano. A veces uno se obceca y arruina el día por nada. Es como cuando te sale un grano y te empeñas en encontrarle explicación.


Milio Mariño / Artículo de Opinión / Diario La Nueva España

lunes, 6 de julio de 2026

Otro verano con Pedro Sánchez

Milio Mariño

Así como el que no quiere la cosa, aquí estamos: con el bañador puesto, la silla de playa al hombro y un sol infinito que sigue en el mismo sitio que el verano pasado. Igual que Pedro Sánchez. Quien, para desesperación del PP y la peña que intenta reconquistar el poder, ha vuelto a decir que no piensa irse. Que, sí quieren que se vaya, tendrán que echarlo. Lleva ocho años en el Gobierno y ha sido capaz de mantenerse pactando con partidos de ideologías muy diversas y superando situaciones difíciles como el Covid16, la erupción del volcán de La Palma, la Dana, el apagón, las consecuencias económicas de las guerras en Ucrania, Gaza e Irán, las embestidas de Donald Trump y la ofensiva judicial contra su entorno familiar y político. Sus rivales y enemigos no pierden la esperanza de verlo derrotado y de rodillas en el suelo pero, de momento, no lo han conseguido.

Lo han intentado de mil maneras y el resultado es ninguno. Nada. Y la frustración los ha llevado del menosprecio al insulto. Insultar a Pedro Sánchez, disimulando o con todas las letras, lo han convertido en su desahogo. Primero lo llamaron perro, luego dijeron “me gusta la fruta” y han acabado llamándolo hijo de puta, cosa que, por lo visto, aunque sea una expresión de mal gusto no constituye delito.

 Insultan a Pedro Sánchez y lo celebran como ese niño que dice caca después de cagarse encima. Lo curioso es que mientras esto ocurre en España, crecen las alabanzas y la admiración que le profesan personalidades de otros países y medios internacionales. Algo que no había ocurrido con ningún presidente español.

Pedro Sánchez no solo se ha convertido en la referencia de la socialdemocracia a nivel mundial sino que ha sido profusamente aplaudido en universidades como las de Columbia o Yale, en la Asamblea General de la ONU, en el Consejo de Ministros de la Unión Europea, en la FAO, con una ovación que duró más de un minuto, en Roma,  Londres, Nueva York, Pekín… Además, los principales periódicos del mundo le han dedicado portadas en términos muy favorables, destacando en tono elogioso que ha relanzado el crecimiento económico, reducido el paro y aumentado los derechos sociales y que, haciendo gala de una audacia notable, lidera la conciencia de Europa oponiéndose a los desmanes de Donald Trump.

Por si fuera poco, el Papa León XIV también le ha dedicado grandes elogios que casi han coincidido con la invitación al insulto que hizo el portero del Sabadell F.C. desde el balcón del Ayuntamiento. Consecuencia, eso parece, del desprecio y la operación de acoso y derribo que la derecha y sus altavoces mediáticos pusieron en marcha desde el primer minuto contra el Presidente del Gobierno.

La cuestión es que, de momento, no hay recambio. Este verano también estará Pedro Sánchez. Una circunstancia que, unida a que las temperaturas subirán hasta hacerse insoportables, supondrá que mucha gente lo pasará mal y tendrá que hacer un esfuerzo sobrehumano para poder soportarlo.

El consejo de los expertos viene a ser el de siempre, que los más afectados no olviden hidratarse. Que beban mucho y procuren sentarse a la sombra. Y lo más importante, que coman mucha fruta.

Milio Mariño / Artículo de Opinión / Diario La Nueva España


lunes, 29 de junio de 2026

Corruptos y corruptitos

Milio Mariño

Ahora que conocemos la sentencia del caso Ábalos, sabemos algo que no sabíamos: que hay corruptos y corruptitos. Dos especies que se parecen mucho, pero no son iguales. Ábalos y Koldo pertenecen a una y Aldama a otra. En un caso la corrupción consiste en enriquecerse con negocios fraudulentos y en el otro exactamente lo mismo, pero chivándose de los compinches. Se despotrica, con pruebas o sin ellas y especialmente contra el Gobierno, y el Tribunal Supremo hace lo que Dios manda. Perdona. En este caso con la particularidad de que no impone ni la mínima penitencia. Nada, ni rezar un padrenuestro.

Dios y el Supremo los quieren arrepentidos, aunque no creo que acepten que Koldo y Ábalos se arrepientan. Haberlo pensado antes. Lo explica muy bien la sentencia: “La corrupción opera como un fenómeno que distorsiona la finalidad del poder, debilita los contrapesos institucionales y compromete la igualdad de los ciudadanos ante la ley”.

No puedo estar más de acuerdo. Ábalos, Koldo y Aldama producen repugnancia y dan mucha vergüenza. Con todo, me cuesta entender que a Rodrigo Rato, por tres delitos contra la Hacienda Pública, uno de blanqueo de capitales y otro de corrupción, le cayeran cuatro años y a Ábalos veinticuatro. Y mi estupor es todavía mayor cuando leo que la sentencia considera probado que Aldama percibió 3,7 millones de euros por contratos de mascarillas amañados y no tiene que devolverlos ni tampoco ingresar en la cárcel.

Dándole vueltas a lo que hicieron estos impresentables, es un misterio que me viniera a la memoria el recuerdo de aquellos circos en los que aparecían tres payasos: dos que hacían de tontos y uno de listo. Precisamente, el que los niños detestábamos porque era el que siempre se libraba mientras los otros recibían todas las tortas.

 Volviendo a la sentencia, no me cabe duda de que puede ser ejemplar. Pero no por el castigo sino por lo que perdona. Imagino que habrá muchos españoles que estarán pensando que, si se presentara la ocasión, no les importaría saltarse las leyes y sobornar o hacer lo que fuera, con tal de engordar su cartera con casi cuatro millones de euros. Los que curran en un trabajo de mierda y cobran una miseria, estarán planteándose no digo ser corruptos, pero si corruptitos. Sale a cuenta. Así que me temo que esta sentencia no contribuirá a la regeneración ética por la que tanto viene luchando el PP desde los tiempos de Aznar.

El perdón de Aldama anticipa que cuando Feijoo llegue al Gobierno, si es que llega, Manos Limpias las tendrá destrozadas de tanto lavar, Hazte oír habrá contraído una sordera a prueba de sonotone y los Abogados Cristianos habrán colgado la toga en un clavo reventados por tanto trabajo.

Cabe suponer, además, que los jueces estarán exhaustos después de instruir sumarios de miles de folios y se tomarán un respiro. Lo apunta el juez Calama, que acaba de decirle a Zapatero que le gusta el marisco que sirven en el restaurante Portonovo de Madrid. Así que aconsejará a sus colegas que hagan un alto y pasen por la marisquería porque lo tienen bien merecido. El precio es lo de menos, dice Calama que es muy ajustado para lo bueno que es el producto.


Milio Mariño / Artículo de Opinión/ Diario La Nueva España

lunes, 22 de junio de 2026

Joyas y regalos

Milio Mariño

En el estreno de este verano no se habla de la operación bikini ni de los cuerpos con lorzas que aspiran a convertirse en joyas esculturales. Se habla de otras joyas, las del tesoro de Zapatero, que han sido tasadas en más de un millón de euros.

No pienso apuntarme al cotilleo. Ahora bien, sí que voy a dar mi opinión a propósito de un linchamiento que me parece más propio del salvaje oeste que de un país civilizado. Un linchamiento por unas joyas que son meros adornos. Puedes llevarlas encima, pero no puedes comerlas ni te protegen del frio. Un collar, aunque sea de zafiros, no abriga como una bufanda y una sortija la pones entre los labios y no sabe a nada. Así que ya digo, es posible que sean un símbolo de riqueza, pero utilidad no tienen ninguna. Y menos si las guardas en una caja fuerte y ni siquiera las sacas los domingos para ir a misa y, después, presumir tomando el vermú. Las tienes y es como si no las tuvieras. Son como piezas de museo: valiosas por lo que significan pero no por lo que valen.

La utilidad de las joyas, entendida en cuanto a lo que suponen de beneficio, es ninguna. Pueden hacer incluso que te sientas en peligro.  Más que un activo son un estorbo. Otra cosa es su instrumentalización. Aquí sí que ya cabe todo, desde el reproche ético a la hipocresía del que se indigna por la paja en el ojo ajeno.

En el caso de las joyas de Zapatero, como en otros, más que poner el grito en el cielo, soy partidario del método comprensivo. Si, como parece, fueron regalos debería tenerse en cuenta lo que dicen los psicólogos: se disfruta más regalando que recibiendo regalos.

Regalar es un acto precioso. Da igual lo que regales, el valor del regalo es simbólico. Lo importante es la sorpresa y el aprieto de improvisar unas palabras para agraderlo. Invitaría a un café a quien pudiera decirme que le dijo Aznar a Gadafi cuando, en 2003, le regaló aquel caballo que se llamaba El Rayo del Líder y que, como no podía llevarlo a casa y meterlo en la caja fuerte, acabó en las caballerizas de la Guardia Civil, comiendo pienso a cargo del erario público, hasta el año pasado que falleció.

Los regalos que reciben los Reyes y Presidentes del Gobierno acaban siendo una incomodidad. Alfonso XIII  regaló a su entonces novia y luego reina Victoria Eugenia, una tiara con 450 diamantes y diez perlas, montadas en una estructura de platino. Luego, ya de casados, Alfonso le regalaba a la reina un rivière de diamantes o un collar de oro y piedras preciosas, cada vez que ella descubría una infidelidad. Y tuvo, al menos, seis hijos ilegítimos. Esas joyas son las que ahora luce la reina Letizia en los actos oficiales.

A mí, y supongo que a muchos de ustedes, me gustaría que a los Reyes y los Presidentes del Gobierno les regalaran libros. Pero, al parecer, no es costumbre.

Fueran o no fueran regalos lo que la gente le dice a Zapatero es: Devuélveme el rosario de mi madre, la confianza que había depositado en ti, y quédate con todo lo demás.

Artículo de Opinión / Diario La Nueva España


lunes, 15 de junio de 2026

Mundial pelotudo

Milio Mariño

Con la excusa de que eligieron presidente a Donald Trump, fue extendiéndose la idea de que los estadounidenses son medio tontos. Yo, no lo creo. Muchos Estados, por ejemplo Ohio, Nuevo México, Kentucky o Misisipi, incluyen en sus constituciones la prohibición expresa de que voten los idiotas. “Ningún idiota o persona loca tendrá derecho a ser elector en este Estado”. Además, prohibiciones aparte, minusvaloramos su inteligencia. Quienes estaban hartos de vivir puteados votaron a un multimillonario que prometió devolverles el orgullo y que Estados Unidos recuperara su hegemonía en el mundo. Así mismo, millones de mujeres, inmigrantes y personas de color llegaron a la conclusión de que debían votar a quien los insultaba y los menospreciaba porque lo hacía por su bien.

A las razones expuestas, que demuestran que los estadounidenses saben lo que hacen, hay que añadir que, dentro de poco, es muy probable que nosotros hagamos lo mismo. Todo apunta que votaremos muy parecido y tendremos, también como ellos, un Mundial de Fútbol. El Mundial de 2030, junto con Portugal y Marruecos.

No es una coincidencia. La ultraderecha está de moda y los grandes negocios suelen ir juntos y se llevan muy bien con la FIFA. Por otra parte, dentro de la misma orbita, el espectáculo del fútbol es una buena oportunidad para que los ultras exhiban su repertorio fascista.

Si se cumple lo que algunos vaticinan, y empieza a cumplirse ya que han sido detenidos varios futbolistas y árbitros de países raros, este Mundial de Estados Unidos no solo será el más caro de la historia sino que batirá todos los record en cuanto a detenciones y número de efectivos destinados a vigilar la seguridad, pues incluye la participación de la CIA, el FBI, el ejército, el ICE, agencias federales, unidades de policía estatal y local y empresas de seguridad privadas. Sumen a todo esto una legión de drones cazadores que pueden disparar redes de atrape sobre cualquiera, perros robot que inspeccionarán bolsos y mochilas, camiones gigantes de rayos X y miles de cámaras, controladas por IA, que filmarán los lugares públicos y el entorno de los estadios.

Todo un descomunal y carísimo despliegue para un probable fracaso porque a los estadounidenses les importa una higa el fútbol y muchos de los que podrían acudir de fuera no lo harán como ya indican las cancelaciones masivas de vuelos y reservas.  Las campañas de persecución del ICE han acabado con el turismo y son pocos los que se atreven a viajar a Estados Unidos. Apenas nadie de los países sudamericanos, por miedo a ser detenido, y de África ni les cuento.

Trump y la guerra de Irán están haciendo mucho daño y la economía norteamericana ha empeorado de forma notable.  Si antes, para un ciudadano  de Estados Unidos, que no fuera rico, la vida allí era trabajar, dormir, e ir de compras, ahora la realidad se impone y mucha gente no puede permitirse el lujo de ir al médico o comprar los medicamentos más básicos. Así que, entre que hay poco dinero y que los estadounidenses nunca fueron aficionados al fútbol, el Mundial de Estados Unidos apunta a ser un fracaso.

Lo resumió muy bien Donald Trump hace unos días. Dijo que no compraría entradas si tuviera que pagarlas.

 

Milio Mariño / Artículo de Opinión

lunes, 8 de junio de 2026

Cuando el Papa estuvo en Asturias

Milio Mariño

La visita del Papa, León XIV, es un pretexto para recordar algunos detalles de cuando Juan Pablo II estuvo en Asturias. Que fue el 20 de agosto de 1989, un domingo de mucho calor. Un día espléndido y muy celebrado por la jerarquía eclesiástica asturiana, que había temido que la lluvia arruinara la visita.

Juan Pablo II llegó al aeropuerto de Asturias a media mañana y por la tarde, después de pasear por Oviedo y celebrar una misa multitudinaria en La Morgal, aún tenía que viajar, en helicóptero, desde Oviedo a Cangas de Onís y, luego, subir en coche hasta Covadonga. Una jornada agotadora para cualquiera y más para una persona de 69 años. Así que parecía normal que El Papa estuviera visiblemente cansado. No obstante, cuando llegó a Covadonga, a la Casa de Encuentros, donde pasaría la noche, el médico le tomó la temperatura y advirtió que tenía fiebre. El termómetro marcaba 38 grados.

El entorno del pontífice acordó mantener en secreto, hasta el día siguiente, que El Papa estaba enfermo, pero la fiebre era alta y estaban muy preocupados. La preocupación fue mayor cuando no quiso cenar. Pidió una tisana y se acostó.

Juan Pablo II durmió, en Covadonga, más de diez horas seguidas y aquel sueño no solo fue reparador, fue milagroso porque se levantó sin fiebre y de muy buen humor. Para disipar cualquier duda, mientras desayunaba, dijo que, de acuerdo con lo previsto, daría un paseo por el entorno de los Lagos.  Convencidos de que no conseguirían disuadirlo, pensaron que lo mejor sería que tuviera un calzado adecuado. No habían reparado en ese detalle, de modo que encargaron al gerente de la diócesis de Oviedo, José Gabriel García, que fuera a comprarle unas zapatillas deportivas. Y eso hizo, pero cuando llegó a Cangas de Onís se dio cuenta de que nadie le había dicho qué número calzaba El Papa. Calculó que sería un 43 o 44, un número grande.

Desoyendo los consejos y negándose a cambiar de calzado, Juan Pablo II inició su paseo por el entorno de los Lagos. Tuvo que resbalar y caer de costado para que dijera: Me habéis convencido, dadme las zapatillas. Unas zapatillas que, al ponerlas, resultó que eran dos números más grandes de lo que necesitaba. De todas maneras, siguió con ellas y estuvo paseando en solitario, durante más de una hora, por un paisaje que calificó de maravilloso, con su característico ropaje blanco, una vara de avellano y aquellas zapatillas blancas con rayas rojas que le habían comprado a última hora.

Además de las zapatillas, al Papa le habían regalado, en Oviedo, una reproducción de las sandalias de San Pedro, reliquia de la Catedral. No llegaron a regalarle, como estaba previsto, un osezno. El Vaticano se había mostrado reacio a aceptar el regalo, pues temía que pudiera acabar como el burro que le habían regalado  en Brasil, que no supieron qué hacer con él y se convirtió en un problema. En este caso el problema no llegó a plantearse porque el osezno murió poco antes de la visita del Papa. Hay quien dice que murió de pena, por no haber sido aceptado, mientras que otros opinan que prefirió morir antes de que lo llevaran fuera de Asturias.


Milio Mariño / Artículo de Opinión / Diario La Nueva España



lunes, 1 de junio de 2026

Zapatero o de otro oficio

Milio Mariño

La realidad es pura interpretación. No recuerdo quien lo dijo, pero quien lo dijera da igual. Es verdad. El mar ahí lo tenemos y no todos lo vemos del mismo color. Cada cual lo ve a su modo. Una reflexión que también vale para el caso de Zapatero. Muchos se preguntan cómo es posible que, con la fama de buena persona que tiene, haya acabado imputado por corrupción y tráfico de influencias, mientras que otros tantos, igual más numerosos, no se preguntan nada. Dicen que ya lo sabían antes de que el juez lo imputara.

Los sabelotodo siempre presumen de qué ya lo sabían. Solo unos pocos asumimos nuestra ignorancia y seguimos preguntándonos qué pudo pasar.

Pasara lo que pasara, la honradez de Zapatero está en entredicho. Pero solo para algunos. Apenas cuatro contados, el resto lo tienen claro. Dicen que es inocente o culpable, dependiendo del color político que abanderen.

Quienes dudan no son los que se declaran apolíticos, un espécimen hipócrita y cobarde que se apunta a la que salta, son quienes, al margen de su ideología, creen que tienen la obligación moral de cuestionar todo lo concerniente a este caso. Ya me gustaría responder con entusiasmo que Zapatero es inocente, o con pena y resignación que es culpable, pero como no tengo bola de cristal, he intentado leer, con la mayor objetividad posible, las 85 páginas que nos ha regalado el juez Calama.

El auto es entretenido y muy literario. Llama la atención que el juez no parta de la presunción de inocencia. Considera, desde el principio, que Zapatero es el jefe de una organización criminal de tráfico de influencias sin aportar pruebas. Aporta, eso sí, un buen número de personajes que aparecen en unas grabaciones facilitadas por la Homeland Security Investigations estadounidense, que no sabemos dónde, ni cuándo, ni como las pudo obtener. Ante una aportación tan exótica, uno se pregunta qué pinta Estados Unidos en este asunto y sí podría tener algún interés político, dado que Pedro Sánchez se ha enfrentado a Donald Trump, negándole la utilización de las bases y no aceptando aumentar la aportación de España a la OTAN, y Zapatero mandó retirar las tropas cuando la guerra de Irak. No parece muy normal que una agencia de seguridad de Estados Unidos, vinculada a ICE, investigue a Zapatero y ponga sus grabaciones a disposición de un juez español.

No les oculto que mi condición de lector empedernido de literatura de género negro pudo ayudar a que sospeche de que en esto anda metida la CIA, El Mosad, la oposición venezolana, la ultraderecha y los que asumen con entusiasmo qué quien pueda hacer que haga.  

Puede ser. Pero, aunque mis sospechas coincidan con las que apuntan un buen número de analistas internacionales, expertos en geopolítica, también tengo en cuenta que cualquier ser humano, por muy bondadoso y altruista que sea, puede acabar seducido por el egoísmo y meter la pata hasta el cuezo.

Al final, aunque la duda ofenda, sigo teniendo la duda de si Zapatero se dedicaría a otro oficio, o si estamos ante una patraña urdida para conseguir un objetivo concreto que llevan tiempo anunciando. Tardaremos en saberlo y, hasta, es posible que nunca lo sepamos.

 

Milio Mariño / Artículo de Opinión


lunes, 25 de mayo de 2026

La otra IA (animal)

Milio Mariño

Estoy empezando a cansarme de las maravillas y los milagros que atribuyen a la Inteligencia Artificial. No cuestiono su importancia, sé que forma parte del progreso y lo acepto, pero llevo mal oír que, dentro de poco, se ocupará de las cosas complicadas y nosotros podremos dedicarnos a otras tareas menos exigentes. Supongo que a disfrutar como animales.

Lo mismo va por ahí el futuro. Los animales disfrutan y no se complican la vida. Existe la posibilidad, cada vez más fundada, de que vivan mejor que nosotros y tengan una inteligencia que nos negamos a reconocer por miedo a salir malparados. Hay pruebas que lo confirman. Los investigadores están revelando hallazgos muy sorprendentes. El pasado mes de enero supimos de una vaca, llamada Veronika, que cogía palos con la boca para rascarse, eligiendo el más áspero para el lomo y el más suave para las ubres y las zonas más delicadas. Las vacas, al parecer, tienen una capacidad cognitiva mayor de lo que pensábamos.

 Pero no solo las vacas. Los cerdos, en contra de la opinión generalizada, distinguen la suciedad de la limpieza, utilizan la memoria a largo plazo y su comprensión espacial es magnífica. Otro detalle increíble es que los cuervos, cuando se aburren, elijen a otro animal cualquiera y se ponen a graznar para molestarlo y divertirse, al ver como se enfada y reacciona indignado.

Cuanto más investigan a los animales más se sorprenden con sus capacidades. Lo último que los científicos han descubierto es que algunos animales domésticos perciben si el humano con el que conviven es corto de la azotea o tiene una inteligencia aceptable. Un hallazgo que rompe todos los esquemas porque que tú perro o tú gato sean capaces de juzgarte, te tengan calado y sepan de qué pie cojeas ya era lo que nos faltaba. Abre una nueva vía en nuestra relación con los animales que es para preocuparse.

Podemos disimular y pasar por alto las habilidades de la vaca Veronika o que los cerdos detesten la suciedad y prefieran la limpieza, pero con esto de que los perros y los gatos calibren nuestro nivel de inteligencia no contábamos. Especulábamos sobre en qué medida podría afectarnos la Inteligencia Artificial y resulta que los animales, que creíamos irracionales, manejan herramientas, son solidarios, entienden los conceptos de equidad y empatía, resuelven problemas y saben si tenemos la cabeza bien o mal amueblada. Y si, a todo esto, sumamos que ningún animal hace con sus semejantes las barbaridades que hacemos nosotros, la bofetada en los morros es de las que necesitan una buena bolsa de hielo.

Corren malos tiempos para los humanos. Creíamos que éramos los reyes del Universo y el espejo nos devuelve la realidad de que somos como cualquier bicho viviente. En su día, ya lo anticipó Darwin. Dijo que el ser humano es un animal que nació con suerte. Una suerte que se nos está acabando porque la Inteligencia Artificial por un lado y la Inteligencia Animal por otro nos están acorralando y a saber qué será de nosotros.

Los videntes y los echadores de cartas barajan varias hipótesis. La más sólida es que, seguramente, dentro de algunos años acabaremos emigrando a Marte porque aquí ya estamos muy vistos y no engañamos a nadie.

 

Milio Mariño / Artículo de Opinión / Diario La Nueva España

lunes, 18 de mayo de 2026

Ratas y ratones

Milio Mariño

Siempre está uno aprendiendo. Hasta hace unos días pensaba que las ratas y los ratones eran pareja de hecho y resulta que son de familias distintas. Las ratas son grandes y peludas y los ratones pequeños y con unas orejas enormes, en proporción a su cabeza. Está bien saberlo. Si no es por la histeria que provocó el Hantavirus sigo en la inopia. Claro que la diferencia tampoco es mucha. Las ratas, igual que los ratones, son animales que despreciamos y a los que atribuimos la propagación de un montón de enfermedades.

 El Hantavirus los devolvió al centro de la polémica, pero es de siempre que los ratones tengan muy mala fama. Que yo sepa, solo hay dos excepciones: el ratoncito Pérez y la Ratita Presumida. Todos los demás provocan una gran aversión y un deseo irrefrenable de acabar con ellos como sea: a patadas, con trampas, con veneno… Con cualquier cosa menos con una flauta, como hizo Hamelín, sabedor de que, a los ratones, les gusta la música. Hay un estudio científico, publicado en Science Advances, que apunta qué lo que más les gusta es el jazz.

A lo que iba, si no me distraigo, es que, aunque las ratas están por todas partes, me parecía extraño que se embarcaran en un crucero de lujo. En esos cruceros no  dejan que entren ni como polizones. Por eso, los responsables del MV Hondius, enseguida salieron al paso y aclararon que el contagio del Hantavirus se había producido fuera del barco, probablemente en un vertedero. Una posibilidad más creíble porque las ratas y los ratones son animales pobres y los ricos no tienen contacto con la pobreza a no ser por accidente o deporte. Circunstancia que los virus conocen y de ahí que aprovechen cualquier descuido para saltar de una gallina, un murciélago o un ratón, a una persona rica y demostrar que los esfuerzos por mantener las diferencias sociales son inútiles.

La naturaleza no es como nosotros, trata por igual a todos los seres humanos. Está por averiguar si el contagio de los pasajeros del crucero de lujo no será consecuencia de que, en lo que va de año, la OMS lleve contabilizadas 17.000 infecciones, provocadas por las ratas y los ratones, en las ruinas de Gaza. Miles de infectados sin que la humanidad se diera por enterada.

Pero claro, que la infección afecte a los pasajeros de un crucero de lujo tiene otro alcance. Le prestamos más atención aunque el trato acabe siendo muy parecido. El egoísmo alimenta la crueldad y de ahí surge el grito: ¡No los queremos en nuestros puertos! Preferimos que mueran en alta mar como los subsaharianos que vienen en pateras y los traga el océano.

El mundo está infectado de estupidez y deshumanización. El dolor ajeno no conmueve a nadie y la solidaridad es cosa del pasado. Lo que se lleva es cerrar los ojos o mirar para otro lado por miedo a sentir compasión. Hemos llegado a que todo se valore en términos de utilidad. En eso se han convertido las relaciones humanas. Deberíamos tomar nota de las ratas y los ratones. Un estudio de la Universidad de California demuestra que estos animales, que consideramos despreciables, ayudan a sus congéneres en casos de necesidad.

 

Milio Mariño / Articulo de Opinión


lunes, 11 de mayo de 2026

Lejía para la boca de los políticos

Milio Mariño

Entre las calamidades que oxidan la convivencia está que hayamos llegado al colmo de que la mala educación y los insultos gocen de prestigio y sean motivo de orgullo. No hablo de quienes ponen cara de asco, nos miran con desprecio y solo saludan cuando necesitan algo de nosotros. De esos hablaré otro día. Hablo de los políticos que presumen de llamar mierda o hijo de mala madre al Presidente del Gobierno y reciben un fuerte aplauso de los que entienden que son calificativos ingeniosos que demuestran que quien los pronuncia está capacitado para dirigir un país como el nuestro. Consideran que insultar es un derecho, utilizan el insulto contra sus rivales políticos y, al mismo tiempo, exigen ser tratados con el máximo respeto.

Deberían visitar al psiquiatra. Ni el sentido común ni la libertad de expresión justifican que se insulte a nadie y menos al Presidente del Gobierno. De ahí que cualquiera qué no sea un cafre se sienta avergonzado y apele a la disculpa de que los políticos que insultan no nos representan. Eso quisiéramos, pero la realidad dice otra cosa. España es una democracia representativa y los diputados, ya sean muy educados o se porten como un onagro, el asno salvaje de las estepas de Asia, representan a todos los españoles.

Otra disculpa muy socorrida es que no nos merecemos los políticos que tenemos, pero tampoco cuela. Los elegimos nosotros, así que la responsabilidad es nuestra.

Agotadas las disculpas, relativas a nuestro entorno, solemos apelar, en última instancia, a otros países cuyos dirigentes no destacan por recitar poemas. Ponemos el ejemplo de Estados Unidos o Argentina, donde Donald Trump y Javier Milei, sacan lo mejor de sí mismos y no hay comparecencia o rueda de prensa en la que no insulten o menosprecien a cualquiera que se cruce en su camino.

Algo debe estar pasando cuando la falta de educación y los insultos constituyen el comportamiento habitual de un buen número de políticos. Ya no se trata de un desliz o una anécdota puntual, la reiteración induce a pensar que estamos ante una tendencia mundial que va en aumento, impulsada por los defensores de una ideología que no se lleva muy bien con la democracia.

Quienes recurren a las burlas y los ataques personales, hasta el punto de que consideran que insultar al presidente del Gobierno no solo es legítimo sino muy divertido, forman parte de un circo que se ha propuesto seducir y encandilar a los que demandan soluciones fáciles con el mínimo esfuerzo. Insultan y reciben el aplauso de una coreografía de rebuznos que se dan por satisfechos con un ridículo desahogo que los envilece y solo aporta rencor y odio.

Mientras que la gente sensata no penalice los insultos y los comportamientos políticos deleznables, la polarización irá en aumento y acabará imponiéndose el estilo zafio de quienes no están por la labor de respetar los valores democráticos.

Lo curioso es que fuera de la política, en la calle, la gente se comporta de forma educada y amable. Así que a los políticos que insultan habría que imponerles el castigo con el que amenazaban nuestras abuelas.  ¡Cómo vuelva a oírte otra palabrota, te lavo la boca con lejía!   


Milio Mariño / Articulo de Opinión / Diario La Nueva España

lunes, 4 de mayo de 2026

Prioridad animal

Milio Mariño

Las ideas andan por ahí volando como los mosquitos, pero si no te pica ninguna ni tienes nada que rascar para escribir un artículo, pruebas con una noticia por ver si puedes aprovecharla antes de que acabe en el basurero del olvido.
Y, eso fue lo que hice. Cogí Prioridad Nacional, que está en boca de todos, y a continuación escribí: migración de los seres humanos. Confiaba poco en que pudiera encontrar algo ameno y positivo. No obstante, para documentarme, eché mano de un viejo Atlas y, nada más abrirlo, aparecieron las rutas que, del Polo Norte a la Antártida, habían seguido los hombres y las mujeres para llegar a poblar casi todos los rincones de la Tierra, empujados por ese instinto que nos lleva a querer vivir mejor o simplemente vivir.

Con un Atlas delante ves el mundo de otra manera. Entiendes que no llegaríamos a ser lo que somos sin las migraciones humanas. Percibes que cuando las personas empezaron a trasladarse de un sitio a otro no existían las fronteras. Hubo un tiempo en que no las había y es posible que llegue otro en el que dejarán de existir. Al fin y al cabo solo son líneas que se van trazando según el resultado de las guerras o la conveniencia de los poderosos. Por eso son cambiantes y, a veces, ridículas y hasta caprichosas. Es inútil que para trazarlas utilicen los ríos, los mares y las montañas, no dejan de ser líneas imaginarias que dividen territorios que estaban unidos en tiempos no tan remotos.

Las fronteras han sido, y siguen siendo, el origen de muchos conflictos y la causa de muchas muertes. Han hecho que los seres humanos experimentemos el sentimiento positivo de pertenecer a un lugar y quererlo hasta el punto de sentirnos muy identificados con él, pero también que haya quien confunda ese sentimiento con el derecho de posesión. Con la idea de que somos dueños del lugar que habitamos y los que vengan de fuera no solo han de contar con nuestra autorización sino pagar un tributo.

Así es como surgen las fronteras del odio, que en lo esencial coinciden con las otras y provocan un resquemor enfermizo que influye en la forma de ver a los extranjeros, sobre todo a los que no tienen dinero.

Estamos en ese momento. Parece que se nos ha olvidado que, hace unos años, España empezó a poblarse de licenciados universitarios al tiempo que iban desapareciendo los fontaneros, carpinteros, albañiles y la gente que trabajaba bajo el plástico de los invernaderos, a cuarenta grados de temperatura, o bajando escombros en una obra, o en algo que exigiera partirse el lomo y sudar la gota gorda.

Con soberbia y mucha chulería, dijimos que necesitábamos sangre nueva y mano de obra barata. Gente dura, sacrificada y hambrienta que hiciera el trabajo que no nos gusta y no queremos hacer. Y la cosa marchaba bien hasta que los guardianes de las esencias se dieron cuenta de un detalle que había pasado desapercibido: Los migrantes quieren ser como nosotros. Y eso no puede ser, dijeron algunos. Les dejamos que estén aquí como animales domésticos, pero de ahí a que tengan los mismos derechos… Lo máximo que podrían tener es prioridad animal.

Milio Mariño / Artículo de Opinión / Diario La Nueva España