miércoles, 28 de enero de 2026

Autonomías muy suyas

Milio Mariño

Los ofendidos de profesión, los que se ofenden a diario cuando no están en el poder, han vuelto a poner el grito en el cielo por la propuesta de reforma del sistema de financiación autonómica. Alertan sobre un agravio comparativo con Cataluña y, aunque disimulan, su postura es la del viejo refrán: “Justicia quiero yo, pero en mi casa no”.

El reparto que propone el Gobierno tiene en cuenta la población real de cada territorio, ponderada por variables como el envejecimiento o el coste de los servicios públicos básicos. Todas las Autonomías salen beneficiadas. Para Asturias supondría que la financiación actual se vería incrementada en más de 248 millones. Pero sospecho que cualquier propuesta que viniera del Gobierno sería igualmente rechazada. Ahí reside el problema, que ya fuera este reparto o el más justo jamás establecido, contaría con las mismas críticas y el mismo rechazo.

Resolver la financiación autonómica lleva pendiente desde 2014 y puede seguir estándolo otros doce años porque poner de acuerdo a diecisiete Comunidades Autónomas más dos ciudades, también autónomas, es complicado. Sobre todo si en muchas de ellas gobiernan quienes nunca se tomaron en serio el Estado de las Autonomías y ahora están acompañados por los que apuestan por suprimirlas si llegan a gobernar. Para todos ellos, España es Madrid y el resto, simplemente, el extrarradio. Y ya no les cuento si hablamos de lo que consideran territorio comanche: Cataluña y Euskadi.

Antes de la dictadura, en tiempos de la Segunda República, solo tenían estatuto de autonomía Cataluña y Euskadi. Después, en la transición, se recurrió al café para todos, que sirvió para la creación del estado de las autonomías y fue una salida aceptable pero, probablemente, no la solución.  Faltaba un trecho por recorrer y entre el rebrote patrio, la insolidaridad, el afán por destruir al adversario y el odio ideológico, en vez de avanzar, hemos ido a peor.

Como era de esperar, el PP ha sido quien más ha levantado la voz calificando la propuesta de insolidaria y colocando al Gobierno y a Cataluña en el centro de la diana. Ahí los sitúan sin entrar a valorar los criterios de reparto ni, menos aún, el intento de limitar el dumping fiscal que practican los territorios que hacen rebajas fiscales para tener ventaja sobre el resto. Primero presumen de bajar los impuestos y luego piden al Estado que se lo compense.

Hasta el momento solo hay una propuesta, la del Gobierno. Ningún partido ha presentado una alternativa a la reforma de la financiación autonómica. El calendario para aprobar el modelo definitivo está previsto que dure varios meses en los que, a falta de propuestas, se sucederán las recetas demagógicas alejadas de la realidad. Más que defender lo suyo, habrá quien se dedique a cargar contra el vecino. Siempre hay quien prefiere quedar tuerto con tal de que el otro no vea. 

A falta de otras, la propuesta presentada debería servir para iniciar una negociación seria en la que se impliquen todas las Comunidades. El rechazo por sistema, las descalificaciones, el agravio comparativo o volver al eslogan España se rompe no resuelven nada. Solo eternizan el problema.

Que cada Autonomía vaya a lo suyo avala lo que oí decir a un escéptico cascarrabias, que el Estado español solo tiene en común la Liga de Fútbol, el Corte Inglés y la Guardia Civil.


Milio Mariño / Artículo de Opinión / Diario La Nueva España

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Milio Mariño