Siempre que hay elecciones los candidatos salen de gira y se
hacen acompañar por una orquesta de fieles que pone música a la letra sus promesas.
Interpretan, en tono triunfal, alegres canciones que, a pesar de haberlas
ensayado, requieren de una cierta habilidad para no desafinar y ajustarse a la
partitura. Algo que no siempre sucede pues, a veces, llevados por la euforia, cantan
más de la cuenta y el concierto acaba bastante mal.
Eso es lo bueno, que desafinen y canten lo que no querían.
Hace poco, Feijoo se subió al escenario y cantó sacrificios si llega al
Gobierno. Luego, Ester Muñoz, portavoz del PP, se arrancó con la canción de que
el sistema español de pensiones está a punto de colapsar y antes de que suceda
tomarán medidas valientes para reformarlo.
No improvisaba, estaba interpretando el repertorio de su
partido, pero el auditorio estalló en murmullos y Feijoo tuvo que volver al
escenario y cantar aquella rumba flamenca que hizo famosa a María
Jiménez… “¡Se acabó!”.
Lejos de acabarse, el personal reaccionó mosqueado. Y se
mosqueó más todavía cuando otra
intérprete, Pepa Millán, que comparte fans y público con Feijoo, cantó que, en
el supuesto de que Vox llegara a gobernar, reformaría el sistema público de
pensiones porque consideran que no funciona.
El revuelo que se formó fue tremendo. Los pensionistas se pusieron
en guardia y tomaron como una ofensa que les dijeran que no habían oído bien. Habían
oído perfectamente, incluso los que necesitaban pilas nuevas para su audífono.
Se les veía preocupados. Estaban con el ceño fruncido y expresaban el rechazo
instintivo al olor a chamusquina que flotaba en el ambiente, después de las
canciones de las dos intérpretes y el cantautor gallego.
En vista del malestar reinante, algunos asesores aconsejaron
al PP y Vox que cambiaran de repertorio y cantaran canciones más alegres porque
el público prefiere divertirse a que le cuenten penas. Al final hicieron caso y
cambiaron de tema, pero los pensionistas que no padecen Alzheimer, la inmensa mayoría,
recordaron la pérdida de poder adquisitivo cuando gobernaba Rajoy y el voto en
contra de Feijoo con respecto a la subida de las Pensiones de acuerdo con el
IPC. Por si no fuera bastante, un par de periódicos y varias tertulias televisivas
alertaron de que los partidos de derechas proponían ir hacia un sistema mixto
de pensiones, gestionado por empresas privadas y basado en la capitalización y el
reparto. Un negocio multimillonario avalado por la banca y los fondos de inversión,
que aplauden la idea de convertir un derecho social en un activo de mercado.
La gente se puso en guardia y algunos cantantes reconocieron
que hay canciones que les vendría mejor cantarlas en la ducha que subidos en un
escenario. Sobre todo las que se refieren a que lo público es un problema, ponen
en duda su viabilidad y proponen reformas que siempre acaban pagando los que
menos tienen.
Nadie contaba con que la canción de las pensiones volviera a
los escenarios cantada por los intérpretes conservadores, pero gracias a ese
desliz sabemos sus intenciones. También que, algo así, no volverá a suceder. A
partir de ahora, se limitarán a mover los labios y todo lo que canten será en playbac.
Milio Mariño / Artículo de Opinión / Diario La Nueva España






