Con la excusa de que eligieron presidente a Donald Trump,
fue extendiéndose la idea de que los estadounidenses son medio tontos. Yo, no
lo creo. Muchos Estados, por ejemplo Ohio, Nuevo México, Kentucky o Misisipi, incluyen
en sus constituciones la prohibición expresa de que voten los idiotas. “Ningún
idiota o persona loca tendrá derecho a ser elector en este Estado”. Además,
prohibiciones aparte, minusvaloramos su inteligencia. Quienes estaban hartos de
vivir puteados votaron a un multimillonario que prometió devolverles el orgullo
y que Estados Unidos recuperara su hegemonía en el mundo. Así mismo, millones
de mujeres, inmigrantes y personas de color llegaron a la conclusión de que debían
votar a quien los insultaba y los menospreciaba porque lo hacía por su bien.
A las razones expuestas, que demuestran que los
estadounidenses saben lo que hacen, hay que añadir que, dentro de poco, es muy
probable que nosotros hagamos lo mismo. Todo apunta que votaremos muy parecido
y tendremos, también como ellos, un Mundial de Fútbol. El Mundial de 2030,
junto con Portugal y Marruecos.
No es una coincidencia. La ultraderecha está de moda y los
grandes negocios suelen ir juntos y se llevan muy bien con la FIFA. Por otra
parte, dentro de la misma orbita, el espectáculo del fútbol es una buena
oportunidad para que los ultras exhiban su repertorio fascista.
Si se cumple lo que algunos vaticinan, y empieza a cumplirse
ya que han sido detenidos varios futbolistas y árbitros de países raros, este
Mundial de Estados Unidos no solo será el más caro de la historia sino que
batirá todos los record en cuanto a detenciones y número de efectivos destinados
a vigilar la seguridad, pues incluye la participación de la CIA, el FBI, el
ejército, el ICE, agencias federales, unidades de policía estatal y local y
empresas de seguridad privadas. Sumen a todo esto una legión de drones
cazadores que pueden disparar redes de atrape sobre cualquiera, perros robot
que inspeccionarán bolsos y mochilas, camiones gigantes de rayos X y miles de
cámaras, controladas por IA, que filmarán los lugares públicos y el entorno de
los estadios.
Todo un descomunal y carísimo despliegue para un probable
fracaso porque a los estadounidenses les importa una higa el fútbol y muchos de
los que podrían acudir de fuera no lo harán como ya indican las cancelaciones
masivas de vuelos y reservas. Las
campañas de persecución del ICE han acabado con el turismo y son pocos los que
se atreven a viajar a Estados Unidos. Apenas nadie de los países sudamericanos,
por miedo a ser detenido, y de África ni les cuento.
Trump y la guerra de Irán están haciendo mucho daño y la
economía norteamericana ha empeorado de forma notable. Si antes, para un ciudadano de Estados Unidos, que no fuera rico, la vida
allí era trabajar, dormir, e ir de compras, ahora la realidad se impone y mucha
gente no puede permitirse el lujo de ir al médico o comprar los medicamentos
más básicos. Así que, entre que hay poco dinero y que los estadounidenses nunca
fueron aficionados al fútbol, el Mundial de Estados Unidos apunta a ser un fracaso.
Lo resumió muy bien Donald Trump hace unos días. Dijo que no
compraría entradas si tuviera que pagarlas.






