Estoy empezando a cansarme de las
maravillas y los milagros que atribuyen a la Inteligencia Artificial. No
cuestiono su importancia, sé que forma parte del progreso y lo acepto, pero
llevo mal oír que, dentro de poco, se ocupará de las cosas complicadas y
nosotros podremos dedicarnos a otras tareas menos exigentes. Supongo que a
disfrutar como animales.
Lo mismo va por ahí el futuro.
Los animales disfrutan y no se complican la vida. Existe la posibilidad, cada
vez más fundada, de que vivan mejor que nosotros y tengan una inteligencia que
nos negamos a reconocer por miedo a salir malparados. Hay pruebas que lo
confirman. Los investigadores están revelando hallazgos muy sorprendentes. El
pasado mes de enero supimos de una vaca, llamada Veronika, que cogía palos con
la boca para rascarse, eligiendo el más áspero para el lomo y el más suave para
las ubres y las zonas más delicadas. Las vacas, al parecer, tienen una
capacidad cognitiva mayor de lo que pensábamos.
Pero no solo las vacas. Los cerdos, en contra
de la opinión generalizada, distinguen la suciedad de la limpieza, utilizan la
memoria a largo plazo y su comprensión espacial es magnífica. Otro detalle increíble
es que los cuervos, cuando se aburren, elijen a otro animal cualquiera y se
ponen a graznar para molestarlo y divertirse, al ver como se enfada y reacciona
indignado.
Cuanto más investigan a los
animales más se sorprenden con sus capacidades. Lo último que los científicos han
descubierto es que algunos animales domésticos perciben si el humano con el que
conviven es corto de la azotea o tiene una inteligencia aceptable. Un hallazgo
que rompe todos los esquemas porque que tú perro o tú gato sean capaces de
juzgarte, te tengan calado y sepan de qué pie cojeas ya era lo que nos faltaba.
Abre una nueva vía en nuestra relación con los animales que es para
preocuparse.
Podemos disimular y pasar por
alto las habilidades de la vaca Veronika o que los cerdos detesten la suciedad
y prefieran la limpieza, pero con esto de que los perros y los gatos calibren nuestro
nivel de inteligencia no contábamos. Especulábamos sobre en qué medida podría
afectarnos la Inteligencia Artificial y resulta que los animales, que creíamos
irracionales, manejan herramientas, son solidarios, entienden los conceptos de
equidad y empatía, resuelven problemas y saben si tenemos la cabeza bien o mal
amueblada. Y si, a todo esto, sumamos que ningún animal hace con sus semejantes
las barbaridades que hacemos nosotros, la bofetada en los morros es de las que
necesitan una buena bolsa de hielo.
Corren malos tiempos para los
humanos. Creíamos que éramos los reyes del Universo y el espejo nos devuelve la
realidad de que somos como cualquier bicho viviente. En su día, ya lo anticipó Darwin.
Dijo que el ser humano es un animal que nació con suerte. Una suerte que se nos
está acabando porque la Inteligencia Artificial por un lado y la Inteligencia
Animal por otro nos están acorralando y a saber qué será de nosotros.
Los videntes y los echadores de
cartas barajan varias hipótesis. La más sólida es que, seguramente, dentro de
algunos años acabaremos emigrando a Marte porque aquí ya estamos muy vistos y
no engañamos a nadie.






