El final de la lógica siempre
es el absurdo y el absurdo suele renacer como idea brillante en la mente de los
estúpidos. Por eso, cuando creíamos que el cupo de estupideces estaba cubierto,
Torrente Presidente Trump, convocó una rueda de prensa y anunció la
meteorología del terror: Esta noche morirá toda una civilización.
Afortunadamente, la
predicción fue un error. No lo es añadir un segundo apellido a la película de
Santiago Segura porque los críticos de cine están empeñados en calificarla como
una parodia de la España cutre y facha y no advierten que se trata de un
documental sobre el energúmeno de la terrible amenaza.
Segura aborda las peripecias
de un protagonista moralmente despreciable, racista, fanfarrón, zafio,
mentiroso, machista y homófobo, que habla de una realidad inventada y se le va
la pinza cada dos por tres. Un personaje convertido en peligro público que presume
de qué no tiene otro límite más que el suyo y bromea sin que le importe hacer el
ridículo.
Con estos antecedentes, el
protagonista podría ser español, pero encaja como ninguno en el bocazas del
flequillo rubio. La película es un biopic de Donald Trump. Santiago Segura no retrata
a un hipotético presidente español, retrata al Presidente de EEUU y a los americanos
de la América profunda, que no se puede decir que sean tontos porque nacieron
con la inteligencia justa, pero han evolucionado hacia una tontería voluntaria
que los ha convertido en el vivo retrato de Homer Simpson.
Quienes argumentan que la
gente se ríe mucho y no se reiría tanto si la película tratara de los americanos olvidan un matiz. La
gente no se ríe por qué el personaje sea gracioso, se ríe porque da miedo. La
risa es un mecanismo de defensa que toma el control del cerebro cuando estamos
en peligro. Así se explica que nos descojonemos cuando el Presidente del país
más poderoso del mundo dice que tiene línea directa con Dios, que es quien le
indica los pasos a seguir por el bien de la humanidad. Bien que, al parecer,
consiste en emprender una guerra ilegal y atroz que no beneficia a nadie y
estamos pagando con dinero de nuestro bolsillo.
Ante semejante despropósito qué
otra cosa podemos hacer más que reírnos. También podríamos llorar, pero no sale
a cuenta porque aparte de pasar un mal rato no arreglaríamos el destrozo.
Santiago Segura es muy astuto.
Utiliza, como coartada, la España cutre y franquista, pero Torrente Presidente
no es español. Ni Rajoy o Feijoo ni, incluso, Santiago Abascal estarían a la
altura. Aunque España sea un país atípico en muchas cosas, a estupideces y
burradas todavía hay quien nos gane. Ningún Presidente español se atrevería a
derribar parte de La Moncloa para construir un salón de baile, ni firmaría los
decretos leyes en un folio gigante y con un rotulador que parece una berenjena.
Y el dato que resulta definitivo es que ni al que asó la manteca se le
ocurriría mandar un cohete a la luna con el retrete que no funciona.
Cuando los disparates no nos sorprenden
entramos en una situación que da miedo. Y en esas estamos. Hoy garbanzos y
mañana ya veremos. El menú del día lo decide un cocinero que nos tiene
hipnotizados.

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