Cuando la petición de un adelanto electoral empezaba a sonar
en mi cabeza como la turra de ese amigo que repite, una y otra vez, que hay que
dejar de fumar y apuntarse a un gimnasio, va Pedro Sánchez y convoca elecciones. No lo podía creer. El
Presidente no había hecho nada, las había convocado el azar. Eso pensé, pero mi
memoria rebuscó en su arcón y encontró esta frase de Borges: “Lo que llamamos
azar es nuestra ignorancia de la compleja maquinaria de la causalidad”.
Para el célebre escritor argentino, cada suceso responde a
una causalidad que nuestra comprensión no alcanza a ver. El juego de palabras
expresa una profunda verdad: que todo lo que sucede no depende de un hecho,
sino de una cadena de pequeñas causas que se van entrelazando sin que nos demos
cuenta.
Apenas un minuto después de que hablara Sánchez, quienes
llevaban cuatro años pidiendo un adelanto electoral criticaron que el
Presidente aprovechara la crisis de la vivienda para convocar elecciones. Estaba
claro, no solo que no habían leído a Borges sino que tampoco conocían el famoso
ejemplo de Lorenz. Aquello de que el aleteo de una mariposa en Nueva York puede
provocar un huracán en Japón. Las alas de la mariposa casi no alcanzan para
mover el aire, pero ese pequeño aleteo modifica las condiciones iniciales y a
partir de ahí pueden suceder mil variables que se escapan a cualquier control.
Era la explicación perfecta de por qué se habían convocado
las elecciones. Una mariposa, llamada Maricarmen, movió sus alas cuando la
policía derribó la puerta de su casa para ejecutar el desahucio y echarla a la
calle. Las abrió y cerró como dos pestañas que atienden a la petición de unos
ojos cansados que intuyen el último vuelo. Hasta aquí hemos llegado, debió
pensar. Estoy sin fuerzas y me aconsejan reposo, pero voy a batir mis alas por
última vez y ojala provoque ese huracán del que tanto hablan.
Y lo provocó. Se desató un huracán de indignación que obligó
a la clase política a dejar de sestear y empezar a moverse. Hubo muchas
sorpresas. Sorprendió que los jóvenes se movilizaran y que hablara de ello el
Papa. También la policía se vio sorprendida y trató de contener las manifestaciones
espontaneas sobrepasando los límites de lo aceptable. No sirvió de nada. Muchos
miles de personas, que llevaban tiempo sin hacerlo, se echaron a la calle y
volvieron a redescubrir la fuerza de la acción colectiva.
Era costumbre que, en otoño, las mariposas buscaran refugio
y apenas movieran sus alas. Pero sucedió que en París, y en Madrid, otras dos mariposas
sobrevolaron las aulas y provocaron un huracán de movilizaciones y protestas
estudiantiles que la policía no pudo evitar a pesar de que lo intentó con
violencia y muy malas artes.
Aunque son huracanes distintos, tienen en común que han sido
provocados por mariposas que el poder creía dormidas y no lo estaban.
Dicen que una parte importante
de la juventud se ha dejado seducir por los discursos del odio, el racismo y el
desprecio a los más vulnerables. Tal vez sea cierto. Pero aún queda otra
juventud, incluso más numerosa, que está dispuesta a luchar por una vida mejor
con responsabilidad y sentido común.
MIlio Mariño / Artículo de Opinión / Diario La Nueva España






