Se acaba el verano y la Guardia Civil y la Policía están que
no dan abasto atendiendo llamadas de gente que entra en pánico porque cree ver
animales salvajes en los sitios más insospechados. Hace un par de semanas una
patrulla del Seprona, después de una concienzuda investigación, descubrió que
el león que un repartidor aseguraba haber visto en las inmediaciones de Toledo
era un perro lanudo al que habían esquilado la parte de atrás del lomo por consejo
del veterinario, debido a un problema dermatológico.
La explicación de algunos psicólogos, sobre el aumento de
estas alarmas, es que la gente ve documentales de fauna salvaje en la tele y luego
no acierta con el tamaño real de los animales. Así fue que varias personas
creyeron ver un cocodrilo en la ribera del Duero, cerca de Tordesillas, y
resultó que era una nutria. Vieron que algo se movía en el río y el movimiento
que hacen las nutrias, generando ondas con su cola, les pareció la estela de un
cocodrilo.
Casos como este y otros similares hay a cientos. En un
pueblo de Granada, aseguraron que habían visto una pantera paseándose por las
afueras y después del despliegue de una patrulla de la Guardia Civil se llegó a
la conclusión de que la pantera era un gato negro que deambulaba por el pueblo.
La mayoría de estos avisos, de gente que denuncia la
presencia de animales salvajes, ocurre en verano. Coincide cuando los urbanitas
pasan sus vacaciones en una naturaleza que desconocen. Creen que el campo tiene
aceras, pasos de peatones y bancos donde sentarse a contemplar los atardeceres.
En lo que va de verano, en Asturias se han producido 124 rescates
en zonas montañosas debidos, sobre todo, a imprudencias y conductas temerarias.
Cierto que también han rescatado una vaca, pero no por una negligencia, por un
accidente.
El problema es que el 112, la policía y la Guardia Civil no pueden
ignorar los avisos aunque lo denunciado les parezca una broma. Cuando se
produce un aviso, están obligados a intervenir y movilizar los recursos que
tengan: drones, helicópteros, perros, bomberos, agentes de seguridad… Todo un
despliegue, por más que sospechen que se trata de una imprudencia o la
alucinación de un chiflado. Tal parece como que hubiera mil zoos en España
desde los que todos los días se escapa alguna fiera o que los animales también
se hayan apuntado a la avalancha migratoria y huyan de África porque, aunque no
vean la tele, que no la ven, se enteran de que aquí se vive muy bien por los
que van allí de safari.
Animales sueltos hay muchos, pero los más peligrosos son los
urbanitas que nunca han visto una vaca a dos metros y creen ver fieras, al
acecho, por todos los rincones. Presumen de su amor por el campo, pero se
quejan del madrugador canto del gallo, el ruido de los cencerros y el olor a
estiércol.
La receta la desconozco, pero necesitamos poner remedio a esta
infantilización de la sociedad que lo invade todo. La Guardia Civil ha llegado
a recibir llamadas que acusaban de mal trato al dueño de un perro que lo tenía atado
y los mismos han vuelto a llamar denunciando su abandono cuando lo vieron
suelto.




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