lunes, 21 de septiembre de 2026

Suspender en septiembre

Milio Mariño

Según el último informe PISA, de lo malo, Asturias no es lo peor. La evaluación internacional de nuestros estudiantes indica que seguimos estando por encima de la media de España, aunque la caída haya sido muy similar. Ya estábamos por encima y ese colchón nos ha permitido seguir ocupando los primeros puestos. Habrá influido, supongo, que el 72% de nuestro alumnado, seis puntos más que la media española, pertenece a la escuela pública y, también, que estamos por encima en cuanto a la inversión pública por estudiante.

Entre los malos, somos buenos. Pero suspendemos. El informe supone un palo para muchos países y, sobre todo, para España. No hay excusa posible. Ninguna. Aunque, ya se sabe, a la hora de asumir responsabilidades pasa lo de siempre: Entre todos la mataron y ella sola se murió. Nadie se hace cargo del fracaso. La culpa depende de quién gobierne en cada sitio. El Gobierno Central dice que son las Comunidades Autónomas, la mayoría gobernadas por el PP, quienes tienen la competencia educativa y estas se desentienden y atribuyen el fracaso a la Ley de Educación. La búsqueda de culpables también apunta a los maestros, los padres y, en última instancia, los teléfonos móviles.

Nadie se salva. Y sería injusto que se salvara. Vivimos en una sociedad que, hace tiempo, ha dejado de valorar el esfuerzo y abraza la comodidad. Hemos llegado al extremo de que ni siquiera nos esforzamos para advertir cualquier anomalía o que nuestra vida corre peligro. Para eso ya están las autoridades, para avisarnos de que no debemos salir de casa sin paraguas cuando amenaza lluvia, ni acercarnos demasiado a la costa cuando el mar se encrespa y levanta olas de nueve metros.

Esfuerzo el mínimo y responsabilidad, a ser posible, ninguna. Son legión los que prefieren tener una mascota a tener hijos y otros tantos los que prolongan la adolescencia hasta una edad en qué ya piensan en jubilarse. Luego están los que piden pagar menos impuestos y, al mismo tiempo, reclaman mayor protección social. Y, cada vez son más los que consideran que, para triunfar en la vida, no se necesita una sólida formación sino ser un espabilado, un pillo para entendernos. Ese es el modelo que triunfa. El esfuerzo, si acaso, lo dejan para el gimnasio. Lo importante es cuidar el cuerpo, el cerebro no necesita músculo, para eso ya está la IA.

Tal vez exagere un poco, pero por ahí respira el sentir general. Y, como los niños y los jóvenes no son tontos ni tampoco extraterrestres, hacen lo que ven a los mayores. Si están todo el día con el móvil es porque los mayores viven pegados a él. Si son incapaces de manejar las frustraciones es porque sus padres les consienten lo que haga falta con tal de que les dejen en paz.

El Informe PISA nos ha puesto al tanto de un estrepitoso fracaso, pero no es de los estudiantes, es de la sociedad. De una sociedad conformista que justifica la injusticia y valida la estupidez. Suspendemos en lo más elemental y, también, en respeto y humildad.  Así que por mucho que levantemos la voz no tenemos autoridad para exigirles a nuestros hijos y nuestros nietos que saquen sobresaliente dónde nosotros sacamos un cero.


Milio Mariño / Artículo de Opinión / Diario La Nueva España


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