Así como el que no quiere la cosa, aquí estamos: con el
bañador puesto, la silla de playa al hombro y un sol infinito que sigue en el
mismo sitio que el verano pasado. Igual que Pedro Sánchez. Quien, para desesperación
del PP y la peña que intenta reconquistar el poder, ha vuelto a decir que no
piensa irse. Que, sí quieren que se vaya, tendrán que echarlo. Lleva ocho años
en el Gobierno y ha sido capaz de mantenerse pactando con partidos de
ideologías muy diversas y superando situaciones difíciles como el Covid16, la
erupción del volcán de La Palma, la Dana, el apagón, las consecuencias
económicas de las guerras en Ucrania, Gaza e Irán, las embestidas de Donald
Trump y la ofensiva judicial contra su entorno familiar y político. Sus rivales
y enemigos no pierden la esperanza de verlo derrotado y de rodillas en el suelo
pero, de momento, no lo han conseguido.
Lo han intentado de mil maneras y el resultado es ninguno.
Nada. Y la frustración los ha llevado del menosprecio al insulto. Insultar a
Pedro Sánchez, disimulando o con todas las letras, lo han convertido en su
desahogo. Primero lo llamaron perro, luego dijeron “me gusta la fruta” y han
acabado llamándolo hijo de puta, cosa que, por lo visto, aunque sea una
expresión de mal gusto no constituye delito.
Insultan a Pedro
Sánchez y lo celebran como ese niño que dice caca después de cagarse encima. Lo
curioso es que mientras esto ocurre en España, crecen las alabanzas y la
admiración que le profesan personalidades de otros países y medios
internacionales. Algo que no había ocurrido con ningún presidente español.
Pedro Sánchez no solo se ha convertido en la referencia de
la socialdemocracia a nivel mundial sino que ha sido profusamente aplaudido en
universidades como las de Columbia o Yale, en la Asamblea General de la ONU, en
el Consejo de Ministros de la Unión Europea, en la FAO, con una ovación que
duró más de un minuto, en Roma, Londres,
Nueva York, Pekín… Además, los principales periódicos del mundo le han dedicado
portadas en términos muy favorables, destacando en tono elogioso que ha relanzado
el crecimiento económico, reducido el paro y aumentado los derechos sociales y
que, haciendo gala de una audacia notable, lidera la conciencia de Europa
oponiéndose a los desmanes de Donald Trump.
Por si fuera poco, el Papa León XIV también le ha dedicado
grandes elogios que casi han coincidido con la invitación al insulto que hizo el
portero del Sabadell F.C. desde el balcón del Ayuntamiento. Consecuencia, eso
parece, del desprecio y la operación de acoso y derribo que la derecha y sus
altavoces mediáticos pusieron en marcha desde el primer minuto contra el
Presidente del Gobierno.
La cuestión es que, de momento, no hay recambio. Este verano
también estará Pedro Sánchez. Una circunstancia que, unida a que las temperaturas
subirán hasta hacerse insoportables, supondrá que mucha gente lo pasará mal y tendrá
que hacer un esfuerzo sobrehumano para poder soportarlo.
El consejo de los expertos viene a ser el de siempre, que
los más afectados no olviden hidratarse. Que beban mucho y procuren sentarse a
la sombra. Y lo más importante, que coman mucha fruta.
Milio Mariño / Artículo de Opinión / Diario La Nueva España
