lunes, 7 de septiembre de 2026

La Armada risible

Milio Mariño

Lo que ocurre en Ceuta no es, ni mucho menos, para tomarlo a risa, pero hay actos de solidaridad y apoyo con los que es inevitable reírse porque de lo contrario nos estallaría la cabeza. Tomar en serio la visita de Aznar o el despliegue de la autodenominada Armada de la Solidaridad, al mando de Marcos de Quinto y Amalio de Marichalar, conde de Ripalda, supondría carecer de sentido del ridículo y apuntarse a un circo que es muy antiguo y está muy visto.

 Que los citados personajes gocen de cobertura mediática y tengan cierto predicamento entre los trasnochados que abogan por la vuelta del franquismo no impide que sean grotescos y abochornen a cualquiera. Aznar, por ejemplo, sigue cuidando su pelo y lo mantiene brillante y sedoso, pero descuida lo que hay debajo y actúa como un salvapatrias siempre que la ocasión la pintan calva. Su presencia en Ceuta solo sirvió para alimentar las bravuconadas peligrosas de quienes echan más leña al fuego sin aportar soluciones.

Otro salvapatrias es Marcos de Quinto, ungido almirante supremo de los yates, grandes y pequeños, que partieron de Puerto Sherry, Sotogrande y Marbella, colmados de banderas rojigualdas y haciendo sonar sus sirenas mientras los tripulantes coreaban: "No estáis solos". Por si los gritos no se oían en bien Ceuta, los barcos conectaron sus tocadiscos a los altavoces y pusieron canciones de Manolo Escobar y el Dúo Dinámico como “Resistiré” “Y viva España”.

Allá a la noche, exhaustos por el esfuerzo, los capitanes de los yates fueron agasajados con una cena de bienvenida, cortesía de la ciudad, dijeron, y una recepción con autoridades, prensa y personalidades locales. El gobierno ceutí estuvo representado por tres consejeros que, a los postres, manifestaron que la cena no había salido de las arcas públicas, que la había pagado el PP.

Para completar el programa de actos, antes de la cena de gala, Hamido Abselam, presidente del Motoclub Ceuta, había organizado una concentración motera, en la explanada del Chorrillo, en la que doscientos moteros reclamaron seguridad, protección y medidas concretas.

Estos actos, y otros muy parecidos, fueron secundados y muy aplaudidos por quienes aspiran a gobernar y proponen resolver el problema de Ceuta, y de la inmigración en general, movilizando al ejército, enfrentándonos con Marruecos y haciendo uso de la fuerza. En su opinión, el trato humanitario a los inmigrantes  demuestra la debilidad del Gobierno. La solución, al parecer, pasa por montar un ICE, modelo Trump, que dispare a bocajarro cuando se produzcan avalanchas como las del 31 de julio.

Que la oposición haya montado un circo no disculpa la gestión del Gobierno, que ha sido mala y especialmente confusa. Es necesario saber qué ocurrió y que papel jugó cada uno para, después, exigir responsabilidades, si las hubiera.

El problema de la inmigración está ahí desde hace tiempo y seguirá estando, gobierne quien gobierne, de modo que hay que abordarlo con información veraz, humanidad y eficacia en la frontera. Sobran los oportunistas y los que proponen soluciones inaceptables o convocan actos que son de risa.

Que nos riamos de esos esperpentos no significa que no tomemos en serio lo que ocurre en Ceuta. Al contrario, induce al pánico pensar que quienes los promueven son los que, quizá, nos gobiernen mañana.

 

Milio Mariño / Artículo de Opinión