Lo que ocurre en Ceuta no es, ni mucho menos, para tomarlo a
risa, pero hay actos de solidaridad y apoyo con los que es inevitable reírse porque
de lo contrario nos estallaría la cabeza. Tomar en serio la visita de Aznar o el
despliegue de la autodenominada Armada de la Solidaridad, al mando de Marcos de
Quinto y Amalio de Marichalar, conde de Ripalda, supondría carecer de sentido
del ridículo y apuntarse a un circo que es muy antiguo y está muy visto.
Que los citados personajes
gocen de cobertura mediática y tengan cierto predicamento entre los
trasnochados que abogan por la vuelta del franquismo no impide que sean
grotescos y abochornen a cualquiera. Aznar, por ejemplo, sigue cuidando su pelo
y lo mantiene brillante y sedoso, pero descuida lo que hay debajo y actúa como
un salvapatrias siempre que la ocasión la pintan calva. Su presencia en Ceuta
solo sirvió para alimentar las bravuconadas peligrosas de quienes echan más leña
al fuego sin aportar soluciones.
Otro salvapatrias es Marcos de Quinto, ungido almirante supremo
de los yates, grandes y pequeños, que partieron de Puerto Sherry, Sotogrande y
Marbella, colmados de banderas rojigualdas y haciendo sonar sus sirenas mientras
los tripulantes coreaban: "No estáis solos". Por si los gritos no se
oían en bien Ceuta, los barcos conectaron sus tocadiscos a los altavoces y
pusieron canciones de Manolo Escobar y el Dúo Dinámico como “Resistiré” “Y viva
España”.
Allá a la noche, exhaustos por el esfuerzo, los capitanes de
los yates fueron agasajados con una cena de bienvenida, cortesía de la ciudad, dijeron,
y una recepción con autoridades, prensa y personalidades locales. El gobierno
ceutí estuvo representado por tres consejeros que, a los postres, manifestaron que
la cena no había salido de las arcas públicas, que la había pagado el PP.
Para completar el programa de actos, antes de la cena de
gala, Hamido Abselam, presidente del Motoclub Ceuta, había organizado una
concentración motera, en la explanada del Chorrillo, en la que doscientos
moteros reclamaron seguridad, protección y medidas concretas.
Estos actos, y otros muy parecidos, fueron secundados y muy
aplaudidos por quienes aspiran a gobernar y proponen resolver el problema de
Ceuta, y de la inmigración en general, movilizando al ejército, enfrentándonos
con Marruecos y haciendo uso de la fuerza. En su opinión, el trato humanitario a
los inmigrantes demuestra la debilidad del
Gobierno. La solución, al parecer, pasa por montar un ICE, modelo Trump, que
dispare a bocajarro cuando se produzcan avalanchas como las del 31 de julio.
Que la oposición haya montado un circo no disculpa la
gestión del Gobierno, que ha sido mala y especialmente confusa. Es necesario
saber qué ocurrió y que papel jugó cada uno para, después, exigir responsabilidades,
si las hubiera.
El problema de la inmigración está ahí desde hace tiempo y
seguirá estando, gobierne quien gobierne, de modo que hay que abordarlo con
información veraz, humanidad y eficacia en la frontera. Sobran los oportunistas
y los que proponen soluciones inaceptables o convocan actos que son de risa.
Que nos riamos de esos esperpentos no significa que no
tomemos en serio lo que ocurre en Ceuta. Al contrario, induce al pánico pensar
que quienes los promueven son los que, quizá, nos gobiernen mañana.
