Se presenta un otoño de armas tomar. Ya pueden ir
olvidándose de la melancolía de las hojas rojas, el sol liviano y los lánguidos
atardeceres. Los servicios de inteligencia de varios países, incluido el
nuestro, acaban de anunciar que Rusia está preparándose para atacar el sur de
Europa: Italia, Francia y España.
Tenemos suerte de que lo descubrieran y nos avisaran a tiempo.
Así podemos estar preparados y no pasará como en Ceuta. Solo hay una pega: que
cuesta creerlo. Pero, bueno, tampoco creía que España tuviera espías y, por lo
visto, haberlos haylos. Como las brujas. Lo confirmó la jueza María Tardón, que
se hizo con un informe del CNI en el que los espías aseguran que avisaron al
Gobierno de lo que preparaba Marruecos.
Por esta vez, y sin que sirva de precedente, voy a creer al Gobierno.
No por qué me ciegue la pasión sino porque el CNI pertenece a ese mundo
subterráneo, llamado Estado Profundo, que está lleno de personajes que son como
las termitas: una especie de insectos sociales de los que no podemos librarnos
ni fumigándolos. Ahí siguen y seguirán, gobierne quien gobierne, a pesar de que
han cosechado sonoros fracasos en lo que es su oficio: prevenir situaciones de
riesgo y atentados como el 11-S en el caso de Estados Unidos y el 11-M en el
nuestro.
Pero, es inútil pedirles cuentas porque, teóricamente, los
espías no existen. Los Gobiernos no responden de sus andanzas, entre otras
cosas, porque no los controlan. Fingen que todo es correcto y no denuncian que hay
un entramado complejo, un Estado dentro del Estado, que actúa al margen de
cualquier legalidad democrática, maneja fondos reservados y se mueve con total
impunidad.
En apariencia nadie trabaja para esa entelequia, pero tienen
gente en todas partes: en la Policía, la Guardia Civil, el Supremo, la
Audiencia Nacional y en cualquier sitio donde se ejerza el poder. Añadan la
élite económica, las drogas, el crimen organizado y cualquier cosa que se les
ocurra, invisible a la mirada pública.
Quienes ya tenemos unos años, y hemos vivido la transición,
recordamos que entonces no sabíamos cómo llamarlo y lo llamábamos “Poderes Fácticos”.
Nos referíamos, sin nombrarlos, a los que manipulan en la sombra.
Medio siglo después ahí siguen, con más fuerza si cabe. No
descansan, son incansables defendiendo a la Patria. Consideran inadmisible que
los suyos no estén en el poder y una desfachatez que el Gobierno siga sin
aportar el cinco por ciento, del PIB, que Trump exige a los países de la OTAN.
Para mayor osadía, el Gobierno tampoco piensa aumentar el gasto en armamento.
La supuesta amenaza de los rusos se explica en ese contexto.
Vivíamos muy felices, pero qué pasa si Putin decide atacarnos. Sí no lo
habíamos pensado va siendo hora de que lo pensemos. La vida está antes que nada.
Si hay que reducir el gasto social y gastar el dinero en drones, se gasta. Lo
primero es lo primero. Es salvarnos y salvar a la patria. Tenemos que dejarnos
de tonterías y no hacer caso a los antipatriotas que dicen que el presupuesto
militar de la OTAN es de 1,5 billones de dólares, más que todo el mundo junto,
incluida Rusia.

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Milio Mariño