lunes, 19 de octubre de 2026

Mariposas en otoño

Milio Mariño

Cuando la petición de un adelanto electoral empezaba a sonar en mi cabeza como la turra de ese amigo que repite, una y otra vez, que hay que dejar de fumar y apuntarse a un gimnasio, va Pedro Sánchez  y convoca elecciones. No lo podía creer. El Presidente no había hecho nada, las había convocado el azar. Eso pensé, pero mi memoria rebuscó en su arcón y encontró esta frase de Borges: “Lo que llamamos azar es nuestra ignorancia de la compleja maquinaria de la causalidad”.

Para el célebre escritor argentino, cada suceso responde a una causalidad que nuestra comprensión no alcanza a ver. El juego de palabras expresa una profunda verdad: que todo lo que sucede no depende de un hecho, sino de una cadena de pequeñas causas que se van entrelazando sin que nos demos cuenta.

Apenas un minuto después de que hablara Sánchez, quienes llevaban cuatro años pidiendo un adelanto electoral criticaron que el Presidente aprovechara la crisis de la vivienda para convocar elecciones. Estaba claro, no solo que no habían leído a Borges sino que tampoco conocían el famoso ejemplo de Lorenz. Aquello de que el aleteo de una mariposa en Nueva York puede provocar un huracán en Japón. Las alas de la mariposa casi no alcanzan para mover el aire, pero ese pequeño aleteo modifica las condiciones iniciales y a partir de ahí pueden suceder mil variables que se escapan a cualquier control.

Era la explicación perfecta de por qué se habían convocado las elecciones. Una mariposa, llamada Maricarmen, movió sus alas cuando la policía derribó la puerta de su casa para ejecutar el desahucio y echarla a la calle. Las abrió y cerró como dos pestañas que atienden a la petición de unos ojos cansados que intuyen el último vuelo. Hasta aquí hemos llegado, debió pensar. Estoy sin fuerzas y me aconsejan reposo, pero voy a batir mis alas por última vez y ojala provoque ese huracán del que tanto hablan.

Y lo provocó. Se desató un huracán de indignación que obligó a la clase política a dejar de sestear y empezar a moverse. Hubo muchas sorpresas. Sorprendió que los jóvenes se movilizaran y que hablara de ello el Papa. También la policía se vio sorprendida y trató de contener las manifestaciones espontaneas sobrepasando los límites de lo aceptable. No sirvió de nada. Muchos miles de personas, que llevaban tiempo sin hacerlo, se echaron a la calle y volvieron a redescubrir la fuerza de la acción colectiva.

Era costumbre que, en otoño, las mariposas buscaran refugio y apenas movieran sus alas. Pero sucedió que en París, y en Madrid, otras dos mariposas sobrevolaron las aulas y provocaron un huracán de movilizaciones y protestas estudiantiles que la policía no pudo evitar a pesar de que lo intentó con violencia y muy malas artes.

Aunque son huracanes distintos, tienen en común que han sido provocados por mariposas que el poder creía dormidas y no lo estaban.

 Dicen que una parte importante de la juventud se ha dejado seducir por los discursos del odio, el racismo y el desprecio a los más vulnerables. Tal vez sea cierto. Pero aún queda otra juventud, incluso más numerosa, que está dispuesta a luchar por una vida mejor con responsabilidad y sentido común.

MIlio Mariño / Artículo de Opinión / Diario La Nueva España

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