lunes, 10 de agosto de 2026

El peso de los eclipses

Milio Mariño

Un buen número de españoles, en su mayoría gente que lleva tres años pidiendo elecciones, espera con ilusión que el eclipse de sol previsto para el miércoles 12 de agosto acabe con el Gobierno.

No es un deseo desesperado ni un optimismo sin fundamento. La escasa puntería de Feijoo, que no acierta ni una, incluso después de que le operaran los ojos en Oviedo, ha hecho que sus seguidores confíen en la astrología como último recurso. Tienen fe en que el eclipse surta efecto y los malos augurios supongan el desalojo definitivo del inquilino de la Moncloa.

Los eclipses han inspirado historias y creencias de muy distinto signo. Desde los filósofos griegos hasta nuestros días, todas las culturas se han servido de esa filigrana del cielo para alimentar predicciones que hablan del fin del mundo, la propagación de epidemias, los desastres naturales y el derrocamiento de gobernantes y monarcas.

La tendencia mayoritaria asocia los eclipses con las catástrofes, pero no todo es negativo. También hay quienes atribuyen al fenómeno astronómico efectos positivos y señalan que algunos reyes y líderes políticos fueron alumbrados en un año en que se produjo un eclipse. El rey Carlos de Inglaterra, el príncipe William y su esposa Kate Middleton, Donald Trump, Karl Marx y el Papa Juan XXIII, nacieron, precisamente,  un año en que se produjo el citado fenómeno.

El rigor y, sobre todo, la seriedad que preside estos artículos obligaban a investigar al respecto y el resultado es un dato que para muchos será una sorpresa. Pedro Sánchez nació un día poco corriente, el 29 de febrero del año 1972. Año en el que hubo un eclipse de sol, que se produjo el 10 de julio.

Las especulaciones sobre los efectos de los eclipses también alcanzan a los nacidos en año bisiesto. Hay quien opina que son portadores de la eterna juventud y en la antigüedad se creía que tenían poderes mágicos y un optimismo fuera de lo común.

Pedro Sánchez participa de estos fenómenos por partida doble: nació un año bisiesto en el que, además, hubo un eclipse. Se aporta el dato por estricto rigor biográfico, no hay intención, ni mucho menos, de desmoralizar a quienes tienen puestas sus esperanzas en el eclipse del miércoles. En cualquier caso, puede interpretarse de mil maneras. Los caldeos y los egipcios, los indios americanos y hasta los cristianos y el propio Islam, utilizaron los eclipses para lo bueno y para lo malo. Servía para las dos cosas. El objetivo era el mismo: aprovechar el fenómeno para predisponer a la gente a favor o en contra.

Los eclipses siempre fueron algo desconcertante cuyo efecto sobre nosotros sigue siendo un misterio. Hay quien cree que influyen y hay quien lo niega de forma rotunda. Puede servir como ejemplo una idea que se difundió hace tiempo: que durante un eclipse todos perdemos peso. Parece poco creíble, pero es verdad. La Luna y el Sol se alinean con la Tierra de tal forma que la fuerza de la gravedad terrestre disminuye. El efecto es pequeño, mientras dura el eclipse una persona de 80 kilos pesa 50 gramos menos, pero suficiente para afirmar que influye sobre nosotros. En lo físico no cabe duda. Y en lo psicológico allá cada uno.


Milio Mariño / Artículo de Opinión / Diario La Nueva España


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