lunes, 17 de agosto de 2026

Ceuta, la mar de por medio

Milio Mariño

Cualquiera que, como un servidor, tenga dificultades para definir qué es una nación y busque informarse, puede acabar más confuso de lo que estaba. Hay definiciones para todos los gustos. Desde las que se basan en la raza, la geografía, el idioma o la historia hasta la que dice que una nación es un grupo de personas unidas por el odio a sus vecinos.

Esta última no la suscribo. Prefiero, por ejemplo, una nación es, en esencia, una frontera. Supongo que, en base a eso, debió establecerse que España limita al norte con el Mar Cantábrico. Así nos lo enseñaron de niños, pero la sabiduría popular corrige lo que no es correcto. En algunos documentos, que figuran en el Registro de la Propiedad, se dice de ciertas fincas, situadas en la costa asturiana, que limitan con Inglaterra la mar de por medio.

 Ese es el límite. El mar separa tierras, pero une personas y culturas. En nuestro caso, la mar de por medio con Inglaterra es fría y abarca muchas millas. Un mar menos ancho y más cálido tal vez que nos hubiera animado a cruzar a nado para alcanzar la orilla de la democracia y el progreso, en tiempos de la guerra civil, la posguerra y la dictadura franquista.

Es previsible que hubiéramos hecho lo que hacen los balseros cubanos para llegar a Miami. Y nos aplaudirían los mismos que aplauden el éxodo cubano. A nadie se le ocurre culpar a Estados Unidos de que los cubanos quieran escapar del infierno. Por esa misma razón, tampoco España tiene la culpa de la avalancha de Ceuta. Que Trump y Netanyahu cambiaran de parecer y piensen de otro modo es para tomar nota, pero que los dirigentes del PP y VOX piensen como ellos es una falta de patriotismo que clama al cielo.

Un país que resulta agredido requiere unidad interna. La irrupción de 60.000 personas en Ceuta, procedentes de Marruecos, no fue un movimiento popular espontáneo, fue una operación organizada con el propósito de poner a España contra las cuerdas. La crisis duró apenas un día, pero sirvió para demostrar que cada vez que algo va mal hay quienes se alegran y hacen lo posible porque vaya peor. Al parecer todavía sigue vigente aquello de: “Si cae España que caiga que ya la levantaremos nosotros”. Presumen de patriotas quienes se alegran de la desgracia y se ponen de parte del enemigo.

Esta táctica siniestra, que consiste en aprovechar cualquier mal para intentar derribar al gobierno, explica que no les importe el centenar largo de jóvenes,  mujeres y niños que murieron tratando de alcanzar la orilla, ni el destino de los menores atrapados en Ceuta. La palabra compasión la han desterrado de su vocabulario. En su lugar, proponen a los ceutíes que salgan a cazar emigrantes.

La mar de por medio con Marruecos no puede ser que nos convierta en una nación unida por el odio a nuestros vecinos. Fomentar el odio, atenta contra la dignidad humana, la seguridad colectiva y la convivencia pacífica. Es mentira que así se proteja mejor nuestra frontera. Lo que algunos proponen que hagamos es lo que está haciendo Marruecos: arrojar a sus propios ciudadanos al abismo con tal de sacar rédito del conflicto.

Artículo de Opinión / Diario La Nueva España


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