lunes, 27 de julio de 2026

Espermatozoides patrióticos

Milio Mariño

Pete Hegseth, secretario de defensa de Estados Unidos, anunció que planea someter a los soldados estadounidenses a un análisis de los niveles de testosterona debido a que han detectado un descenso generalizado de la hombría. Cualidad que considera imprescindible para que las fuerzas armadas operen con eficacia y al máximo de sus capacidades.

El problema no se circunscribe a Estados Unidos y su ejército, afecta a todos los países. En España, por ejemplo, la fuerza del feminismo y la influencia del lobby gay inventaron el término masculinidad frágil para disimular lo que todo el mundo sabe. Que, salvo raras excepciones, es del tipo nenaza.

Por más que enarbolemos el lema "Cuando una mujer avanza, ningún hombre retrocede", la realidad demuestra que peligra la supervivencia del hombre de verdad. El hombre que se viste por los pies y lo hace con dignidad, sin miedo a ser objeto de burla por quienes ridiculizan los valores de lo masculino.

Corren malos tiempos para los hombres. La esperanza, y el consuelo, es que los malos tiempos crean hombres fuertes. Así lo demuestra un estudio, del Grupo Internacional UR, cuyas conclusiones son que los hombres asturianos tienen un esperma que duplica en calidad al de los varones de Madrid y supera ampliamente al de los habitantes del resto de España.

Según el citado estudio los hombres asturianos tienen de media alrededor de 95 millones de espermatozoides móviles por eyaculación, mientras que en Madrid esa cifra apenas alcanza los 50 millones. Calderilla en comparación con lo nuestro.

La revelación es oportuna porque los asturianos habíamos quedado relegados a una irrelevancia que rayaba en la marginalidad. Apenas pintábamos nada en el panorama español. Nadie hablaba de nosotros, pero el estudio nos devuelve el protagonismo que, históricamente, siempre tuvimos. En su día iniciamos la reconquista prácticamente con nada, palos y piedras, y ahora  estamos en disposición de reconquistar la esencia de lo español gracias a nuestro esperma de primera calidad. En el siglo VIII, el protagonista fue Don Pelayo y en el XXI, lo es ese asturiano anónimo que, aunque protagonice polvos egoístas, es generoso regalando espermatozoides.

No hay mejor prueba de nuestra evolución que haber transformado aquella fama que nos atribuía un carácter rudo y belicoso en un aluvión de espermatozoides que contribuyen a perpetuar la pureza de nuestra raza. Hemos sido cuna de la nación y volvemos a ser cruciales cuando en Estados Unidos están preocupados por los bajos niveles de testosterona y en la capital de España andan a vueltas con el concebido no nacido, el embrión de pocas semanas que Ayuso, y Feijoo cuando gobierne, elevan a la condición de persona desde que la mujer lo lleva en el vientre.

La medida que puso en marcha la Comunidad de Madrid induce a la sospecha de que los dirigentes conservadores estaban al tanto del plan de los americanos y el potencial del esperma asturiano. De ahí que traten de paliar la escasa calidad de los espermatozoides madrileños con esa ley del nasciturus que invade la plena potestad de la mujer sobre su cuerpo. Cuando lleguen al Gobierno, si es que llegan, esperemos que no intenten hacer lo mismo con el concepturus y se les ocurra tocarnos los huevos. Los asturianos no lo aceptaríamos. Y las asturianas tampoco.

 

Milio Mariño / Artículo de Opinión / Diario La Nueva España


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