La realidad es pura
interpretación. No recuerdo quien lo dijo, pero quien lo dijera da igual. Es
verdad. El mar ahí lo tenemos y no todos lo vemos del mismo color. Cada cual lo
ve a su modo. Una reflexión que también vale para el caso de Zapatero. Muchos
se preguntan cómo es posible que, con la fama de buena persona que tiene, haya
acabado imputado por corrupción y tráfico de influencias, mientras que otros
tantos, igual más numerosos, no se preguntan nada. Dicen que ya lo sabían antes
de que el juez lo imputara.
Los sabelotodo siempre presumen
de qué ya lo sabían. Solo unos pocos asumimos nuestra ignorancia y seguimos
preguntándonos qué pudo pasar.
Pasara lo que pasara, la
honradez de Zapatero está en entredicho. Pero solo para algunos. Apenas cuatro
contados, el resto lo tienen claro. Dicen que es inocente o culpable, dependiendo
del color político que abanderen.
Quienes dudan no son los que
se declaran apolíticos, un espécimen hipócrita y cobarde que se apunta a la que
salta, son quienes, al margen de su ideología, creen que tienen la obligación
moral de cuestionar todo lo concerniente a este caso. Ya me gustaría responder
con entusiasmo que Zapatero es inocente, o con pena y resignación que es
culpable, pero como no tengo bola de cristal, he intentado leer, con la mayor
objetividad posible, las 85 páginas que nos ha regalado el juez Calama.
El auto es entretenido y muy
literario. Llama la atención que el juez no parta de la presunción de
inocencia. Considera, desde el principio, que Zapatero es el jefe de una
organización criminal de tráfico de influencias sin aportar pruebas. Aporta,
eso sí, un buen número de personajes que aparecen en unas grabaciones
facilitadas por la Homeland Security Investigations estadounidense, que no
sabemos dónde, ni cuándo, ni como las pudo obtener. Ante una aportación tan
exótica, uno se pregunta qué pinta Estados Unidos en este asunto y sí podría
tener algún interés político, dado que Pedro Sánchez se ha enfrentado a Donald Trump,
negándole la utilización de las bases y no aceptando aumentar la aportación de
España a la OTAN, y Zapatero mandó retirar las tropas cuando la guerra de Irak.
No parece muy normal que una agencia de seguridad de Estados Unidos, vinculada
a ICE, investigue a Zapatero y ponga sus grabaciones a disposición de un juez
español.
No les oculto que mi
condición de lector empedernido de literatura de género negro pudo ayudar a que
sospeche de que en esto anda metida la CIA, El Mosad, la oposición venezolana,
la ultraderecha y los que asumen con entusiasmo qué quien pueda hacer que haga.
Puede ser. Pero, aunque mis
sospechas coincidan con las que apuntan un buen número de analistas
internacionales, expertos en geopolítica, también tengo en cuenta que cualquier
ser humano, por muy bondadoso y altruista que sea, puede acabar seducido por el
egoísmo y meter la pata hasta el cuezo.
Al final, aunque la duda
ofenda, sigo teniendo la duda de si Zapatero se dedicaría a otro oficio, o si
estamos ante una patraña urdida para conseguir un objetivo concreto que llevan
tiempo anunciando. Tardaremos en saberlo y, hasta, es posible que nunca lo
sepamos.
Milio Mariño / Artículo de Opinión

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Milio Mariño