lunes, 15 de junio de 2026

Mundial pelotudo

Milio Mariño

Con la excusa de que eligieron presidente a Donald Trump, fue extendiéndose la idea de que los estadounidenses son medio tontos. Yo, no lo creo. Muchos Estados, por ejemplo Ohio, Nuevo México, Kentucky o Misisipi, incluyen en sus constituciones la prohibición expresa de que voten los idiotas. “Ningún idiota o persona loca tendrá derecho a ser elector en este Estado”. Además, prohibiciones aparte, minusvaloramos su inteligencia. Quienes estaban hartos de vivir puteados votaron a un multimillonario que prometió devolverles el orgullo y que Estados Unidos recuperara su hegemonía en el mundo. Así mismo, millones de mujeres, inmigrantes y personas de color llegaron a la conclusión de que debían votar a quien los insultaba y los menospreciaba porque lo hacía por su bien.

A las razones expuestas, que demuestran que los estadounidenses saben lo que hacen, hay que añadir que, dentro de poco, es muy probable que nosotros hagamos lo mismo. Todo apunta que votaremos muy parecido y tendremos, también como ellos, un Mundial de Fútbol. El Mundial de 2030, junto con Portugal y Marruecos.

No es una coincidencia. La ultraderecha está de moda y los grandes negocios suelen ir juntos y se llevan muy bien con la FIFA. Por otra parte, dentro de la misma orbita, el espectáculo del fútbol es una buena oportunidad para que los ultras exhiban su repertorio fascista.

Si se cumple lo que algunos vaticinan, y empieza a cumplirse ya que han sido detenidos varios futbolistas y árbitros de países raros, este Mundial de Estados Unidos no solo será el más caro de la historia sino que batirá todos los record en cuanto a detenciones y número de efectivos destinados a vigilar la seguridad, pues incluye la participación de la CIA, el FBI, el ejército, el ICE, agencias federales, unidades de policía estatal y local y empresas de seguridad privadas. Sumen a todo esto una legión de drones cazadores que pueden disparar redes de atrape sobre cualquiera, perros robot que inspeccionarán bolsos y mochilas, camiones gigantes de rayos X y miles de cámaras, controladas por IA, que filmarán los lugares públicos y el entorno de los estadios.

Todo un descomunal y carísimo despliegue para un probable fracaso porque a los estadounidenses les importa una higa el fútbol y muchos de los que podrían acudir de fuera no lo harán como ya indican las cancelaciones masivas de vuelos y reservas.  Las campañas de persecución del ICE han acabado con el turismo y son pocos los que se atreven a viajar a Estados Unidos. Apenas nadie de los países sudamericanos, por miedo a ser detenido, y de África ni les cuento.

Trump y la guerra de Irán están haciendo mucho daño y la economía norteamericana ha empeorado de forma notable.  Si antes, para un ciudadano  de Estados Unidos, que no fuera rico, la vida allí era trabajar, dormir, e ir de compras, ahora la realidad se impone y mucha gente no puede permitirse el lujo de ir al médico o comprar los medicamentos más básicos. Así que, entre que hay poco dinero y que los estadounidenses nunca fueron aficionados al fútbol, el Mundial de Estados Unidos apunta a ser un fracaso.

Lo resumió muy bien Donald Trump hace unos días. Dijo que no compraría entradas si tuviera que pagarlas.

 

Milio Mariño / Artículo de Opinión

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