lunes, 27 de abril de 2026

La mansedumbre de los jóvenes

Milio Mariño

En los entornos sociales donde se configuran las opiniones se oye con demasiada frecuencia que los jubilados vivimos en otro planeta. No sé si en Marte, pero sí a una dimensión diferente, amena y muy divertida, que invita a pasear sin prisa, vigilar las obras municipales, tomar el aperitivo y rememorar el pasado editándolo en una versión más amable.  

Algo de eso habrá, no digo que no. Por mucho que presumamos de tener una conciencia crítica, al final llegamos a la conclusión de que nuestra generación fue la mejor y no es comparable con lo que vino después. Y no me escaqueo, me incluyo. Hago esfuerzos para no convertirme en un viejo gruñón pero, al final, acabo quejándome de que la juventud es de una mansedumbre atroz.

Pobrecitos, lo tienen muy mal, dicen sus padres.  Pues que se yo, lo mismo están muy mimados y piensan que las conquistas sociales caen del cielo. Hace poco, un chaval decía en una entrevista: Somos una generación derrotada, vivimos peor que nuestros abuelos.

Asombra que ya se den por vencidos. Se quejan del precio de la vivienda y de que el empleo digno y justamente remunerado, prácticamente, no existe, pero en vez de rebelarse y hacer algo, nos echan la culpa. Dicen que es la herencia que les dejamos. Culpan a papá y mamá y, sobre todo, a los abuelos. Son jóvenes, pero ya se están quejando de que cuando les toque jubilarse van a cobrar, si es que cobran, menos de lo que, ahora, cobramos los jubilados. Unos jubilados a quienes reprochan que estemos todo el día con la matraca de que luchamos por la democracia y las libertades. Algo que, a ellos, les trae sin cuidado.

Un estudio, elaborado el pasado mes de diciembre, señala que el 40% de los jóvenes considera que, en determinadas circunstancias, sería preferible un régimen autoritario, mientras que un 8,8% afirma que le es indiferente un régimen que otro.

La mitad de los jóvenes valoran la democracia no en comparación con la dictadura ni tampoco como ideal, sino sobre la base de que a ellos les pueda ir mejor o peor.

Pues nada, a seguir así. A verlas venir tumbados en el sofá, jugando con la maquinita y diciendo tonterías como que en otros tiempos tal vez se vivía peor, pero la juventud lo tenía mejor. Una reflexión absurda que enlazan con el reproche de que los políticos se olvidan de los jóvenes y solo se preocupan de los jubilados porque les tienen miedo cuando hay elecciones.

Y a mucha honra. Los achaques de la edad no nos impiden seguir en la brecha y vigilar que se respeten nuestros derechos. Seguimos dando la vara porque de lo contrario se olvidarían de nosotros. En cambio, la falta de implicación de los jóvenes, la poca participación electoral y el cuestionamiento de la democracia configuran una juventud que acepta las migajas y solo protesta con el teléfono móvil.

La juventud lleva razón cuando vaticina un futuro en el que tiene muchas probabilidades de vivir peor que sus abuelos. El sistema falla y no está cumpliendo las expectativas de las nuevas generaciones. Pero también fallan los jóvenes. Han descartado la posibilidad de luchar. Solo se les ocurre quejarse.

 Milio Mariño / Artículo de Opinión / Diario La Nueva Esña

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